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EL ZANCUDO | SALDOS DE LA GIRA PRESIDENCIAL

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Algo le habíamos adelantado en el despacho del viernes sobre esa vocación por la insistencia en las gestiones que ante autoridades federales ha mostrado la gobernadora Claudia Pavlovich, que hizo buenos los pronósticos y aprovechó la gira del presidente Andrés Manuel López Obrador para arrancarle el compromiso de equipar el nuevo hospital de especialidades que inaugurarán juntos antes de que termine su sexenio.

El de Claudia, no el de Andrés Manuel.

Fue una gira presidencial de tres días por los municipios fronterizos de Sonora, y además de las obras y acciones de gobierno que AMLO vino a anunciar, los ojos de la clase política estuvieron puestos en las señales, los gestos, las anécdotas y todo lo que se pudiera interpretar como ‘mensajes’ crípticos que pudieran enviar señales sobre cómo viene la transición sonorense a casi un mes de la elección.

Si las cuentas no fallan, esta es la doceava gira del presidente por Sonora en tres años y como quiera que me la pongan -dicho sea sin albur y con todo respeto-, eso es un indicador de la importancia que para el primer mandatario tiene esta entidad, algo que fue reconocido por la gobernadora al hablar del tiempo, la atención y la presencia presidencial en el estado.

En ninguna otra gira, además, se había hecho acompañar por una comitiva tan nutrida de funcionarios federales que no vinieron precisamente de floreros, porque esta vez traían algo en las alforjas para los municipios de San Luis Río Colorado, Pitiquito, Sonoyta, Caborca, Nogales y Cananea.

El momento chusco de la gira fue en San Luis, tras la inauguración del estadio de beisbol, cuando el reelecto alcalde Santos González Yescas le lanzó tres ‘bobitas’ que el presidente abanicó cual si de bolas ensalivadas de cien millas se tratase. La raza amarga dijo que dos Santos ya se anda encomendando a todos los ídems, para que no le caiga en estos días una auditoría del SAT o una comisión del Trife para retirarle la constancia de mayoría, porque eso de ponchar al presidente que presume constantemente un porcentaje de bateo por arriba de los .400 no es cualquier cosa.

El momento más incómodo, en Caborca, donde amanecieron un par de ‘narcomantas’ que, aunque fueron retiradas antes de que llegara el presidente, su contenido llegó con toda seguridad a su destinatario y al nutrido contingente de militares de alto rango que le acompañaron durante toda la gira.

Caborca, como toda la zona del desierto sonorense y los municipios fronterizos que visitó, son escenarios de la disputa entre grupos del crimen organizado, y aunque recientemente detuvieron a uno de los jefes importantes en esa plaza, en general a la ‘maña’ lo más que le han hecho es lastimarle algunas costillas de tanto abrazo.

En el tema grillo, la presencia del gobernador electo, Alfonso Durazo Montaño durante toda la gira mandó un mensaje de cordialidad en la transición, pues entre los tres principales protagonistas de esta gira solo hubo palabras de reconocimiento que prefiguran un relevo de mandos estatales sin mayores complicaciones.

En Cananea, el último destino de esta gira, el presidente anunció un plazo de tres meses para saldar algunas deudas con los habitantes de aquel mineral en materia de salud, programas de Bienestar y desarrollo urbano.

Por cierto que en Cananea se hizo presente el dirigente estatal de la CTM, Javier Villarreal Gámez quien abordó al presidente para plantearle la necesidad de instalar una mesa de negociación en la que esté presente una representación del Grupo México, para abordar el tema del reparto de utilidades, ya que en los últimos tres años este derecho sindical solo ha llegado al 60 por ciento de los trabajadores mineros.

De este asunto tomó nota la secretaria del Trabajo, María Luisa Alcalde, quien buscará reunir a las partes para darle seguimiento al tema.

En general, una buena gira presidencial, acaso la penúltima antes de que se dé el relevo de mando en el gobierno estatal, pues López Obrador estará de nueva cuenta por acá para inaugurar el hospital de especialidades.

II

Y como el trabajo no da tregua, nomás llegando de la gira la gobernadora encabezó la reunión del Comité de Emergencia para evaluar los daños de la torrencial lluvia que azotó a Hermosillo el sábado y que lamentablemente dejó un saldo de dos personas fallecidas; un hombre ahogado al intentar cruzar en su auto el paso a desnivel del bulevar Encinas, y una mujer que sufrió una descarga eléctrica en otro punto de la ciudad.

También realizó un recorrido por la colonia Las Villas, en el sur de la ciudad, donde el agua que entró a algunas casas alcanzó más de un metro.

La capital del estado volvió a mostrar su vulnerabilidad ante las lluvias de temporada, con el agravante de que la registrada el sábado fue de una magnitud que no se veía desde hace 36 años. Y si con precipitaciones ‘normales’ la ciudad sufre, con fenómenos inusuales como este ya sabrán cómo quedó.

23 colonias inundadas en su vialidades, más de la mitad de las calles afectadas y un caos que se puede medir en 113 llamadas al C5 por inundaciones, 30 por vehículos atrapados, 12 por incendios, 8 por semáforos descompuestos, y otras más por caída de árboles, bardas y derrumbes, lo que obligó a poner en marcha el Plan DN-III

Y no es por alarmarlos, pero la temporada de lluvias apenas comienza y por allá a mediados de septiembre, justo cuando le entreguen la estafeta a Alfonso Durazo, suelen presentarse huracanes, ciclones o tormentas que dejan destrozado al sur de Sonora, desde Guaymas hasta Álamos.

No sé si sea casualidad, pero al menos los últimos tres gobernadores, Eduardo Bours, Guillermo Padrés y Claudia Pavlovich prácticamente bajaron la mano después de rendir protesta para acudir a supervisar los daños por esas lluvias.

Veremos cómo le va a Durazo ahora.

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EL ZANCUDO: LO BUENO, LO MALO Y LO FEO DE LA CONSULTA

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Por: Arturo Soto Munguía

El ejercicio de consulta llevado a cabo el pasado domingo tiene, entre todos aquellos puntos oscuros que han sido severamente criticados, una parte rescatable: la intención de fomentar entre los ciudadanos la participación en la definición de políticas públicas sobre temas que son de su interés.

Cualquier intento por involucrar a la sociedad en las acciones de gobierno es plausible, en tanto ayuda a democratizar la toma de decisiones y en general, la vida pública del país.

Lamentablemente en México, los procesos electorales han configurado un extenso catálogo de trampas y marrullerías que no ha sido posible erradicar del todo, y prevalecen aún como inhibidores de la participación ciudadana voluntaria, libre e informada.

Ha costado mucho trabajo, tiempo y hasta vidas construir las instituciones electorales que arrojen niveles aceptables de certeza en la organización y los resultados de las elecciones, y sin embargo éstas siguen teniendo sombras de dudas y sospechas de todo tipo.

No hay punto de comparación entre aquellos procesos que todavía en los años 80 del siglo pasado eran una oda al pillaje más descarado, y las que hoy tenemos a partir de la construcción de organismos con cierto grado de autonomía y ciudadanización, pero es claro que falta mucho camino por recorrer.

La descalificación de esos organismos y la tentación de arrasar con ellos para reconstruir otros a su modo y manera, no abonan en ese camino, mucho menos si esa intentona viene del propio gobierno, interesado en regresar al patrimonialismo con que asumía en el pasado la integración y el funcionamiento de los órganos electorales.

Convertir una consulta pública en un ejercicio de validación de consignas partidistas fue quizás el principal motivo del fracaso de este primer intento, al que le voltearon la espalda el 90 por ciento de los electores.

La consulta pública es un mecanismo para la democratización del país, pero cuando el partido político en el gobierno se lo apropia, se convierte en lo contrario. Entre otras cosas, por eso la gente no acudió a las urnas.

Así, lo bueno de la consulta es la intención de involucrar a la sociedad en el debate público y ofrecerle el poder de incidir en las decisiones; lo malo, que al convertirse en una suerte de recuento interno de los simpatizantes de un partido político, dejó fuera al resto de la sociedad, que con su desprecio les hizo saber que están dispuestos a validar propuestas del gobierno, pero no todas.

Y lo feo, comprobar una vez más que entre algunos personeros del gobierno de la segunda alternancia en México quedan aún sedimentos del viejo régimen autoritario, normalizador de prácticas fraudulentas para validar, así sea rellenando urnas, un ejercicio que no despertó mayor interés que el de la propia militancia del partido oficial.

II

Y a propósito de la consulta, llamó la atención la foto que subió a su cuenta de tuiter el alcalde electo de Hermosillo, Antonio Astiazarán Gutiérrez participando de ese ejercicio.

Ejerció un voto crítico, digamos, pues aunque sostuvo que la ley no se consulta, también apuntó que para exigir hay que participar.

El gesto fue criticado por muchos cibernautas, pero otros lo interpretaron como una suerte de ‘bandera blanca’, un guiño hacia el gobierno federal y por qué no, hacia el gobernador electo, Alfonso Durazo con quien le esperan (al menos) tres años de gestión separados solo por el puente que conecta los palacios de gobierno, el estatal y el municipal.

Es, creo, una buena señal de parte del alcalde electo que anticipa así la voluntad de no apostarle a la confrontación sino al ejercicio de la política entendida ésta como la vía para alcanzar acuerdos, independientemente del origen partidista de los titulares del poder ejecutivo estatal y municipal.

Desde que Guatimoc Yberri entró en contradicciones con Manlio Fabio Beltrones en el trienio 1991-94, la historia de la relación entre los ocupantes de ambos palacios, aun siendo del mismo partido político está llena de episodios ríspidos en los que usualmente quien ha salido más raspado es quien ocupa la alcaldía.

Una alcaldía que por cierto, tiene fama de ser una trituradora de aspiraciones políticas, y si no solo hay que pasar revista sobre el destino que tuvieron los y las presidentes municipales de la capital de ese entonces a la fecha.

Por ahí desfilaron después de ‘El Guaty’, Gastón González Guerra, Jorge Valencia Juillerat, Pancho Búrquez, Dolores del Río, Ernesto Gándara, Javier Gándara, Alejandro López Caballero, Manuel Ignacio Acosta y Célida López Cárdenas.

Varios de ellos aspiraron -y algunos lo intentaron- pasarse al palacio de enseguida, pero se quedaron en el intento. No todos se pelearon con el gobernador (o gobernadora) en turno, pero a quienes lo hicieron les fue peor.

Toño Astiazarán no es un novato en estos menesteres: ya fue diputado local, federal y alcalde de Guaymas; ocupó diversos puestos públicos y ha desarrollado un retorcido colmillo político, que le permite hacer sus propias lecturas del momento que le ha tocado vivir.

No hay que sorprenderse entonces, si el guaymense envía esta clase de señales, sobre todo porque si en algún momento se vislumbraba una transición accidentada tanto en lo municipal como en lo estatal, las señales que se han enviado hasta ahora apuntan a procesos de entrega-recepción más bien tersos.

De hecho ayer se reunieron los alcaldes, el interino y el electo, para encabezar la reunión de la Comisión Mixta de Entrega-Recepción teniendo como tema central de ese encuentro el relativo a la seguridad pública.

Tanto Fermín González como Antonio Astiazarán estuvieron acompañados de sus principales colaboradores y el reporte indica que todo transcurrió en un clima de cordialidad.

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EL ZANCUDO: ‘GANÓ’ EL NO… ¡A LA CONSULTA!

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Ya vendrán las explicaciones, justificaciones y reparto de culpas, pero de entrada, no hay manera de considerar un éxito la consulta de ayer: la abrumadora mayoría de los ciudadanos le dieron la espalda y decidieron no salir a las urnas.

Menos del 10 por ciento del padrón movilizado para el primer ejercicio de la llamada democracia plebiscitaria es suficiente para considerarlo un fracaso, pese a que la consigna era bastante atractiva: llevar a juicio a los ex presidentes, aunque en sentido estricto no se trataba de eso, sino de responder a una pregunta bastante laxa, por no decir confusa y al final, poco convincente, como se reflejó en las urnas.

Nadie esperaba, ni los propios promotores oficiosos de la consulta (además del INE como promotor oficial), una participación siquiera cercana a los 37 millones requeridos para que la misma tuviera un carácter vinculatorio, pero tampoco esperaban que se quedaran tan lejos. Hicieron falta 30 millones de votos para llegar a esa cifra.

Culpar al INE por la bajísima participación ciudadana es apenas un recurso para la auto exoneración en un proceso que no concitó mayor interés que el del llamado voto duro del lópezobradorismo, lo que debió encender focos rojos en su tablero porque no llegó a siete millones.

Culpar al ‘PRIAN’, a la derecha, a los conservadores o como quiera que se aluda desde Palacio Nacional a la oposición, es peor, porque sería otorgarle el reconocimiento como ‘oposición moralmente victoriosa’, ya que sus llamados a no participar en la consulta habrían sido más poderosos que los del partido del presidente y los del propio presidente, que por cierto no votó, ya que se encontraba de gira por Nayarit y no hubo casillas especiales para esta consulta.

Planteado como un ejercicio de democracia participativa, la consulta se redujo a prácticamente un evento interno del partido en el gobierno que movilizó a su militancia, a simpatizantes y a una muy reducida parte de los beneficiarios de programas sociales.

En el caso de Sonora, por ejemplo, de una lista nominal de dos millones 196 mil 722 electores, votaron solo 27 mil 362. Apenas el 1.2 por ciento. ¿Dónde quedaron los más de 400 mil votantes que hace dos meses salieron a votar por Morena, principal promotor de la consulta? Misterio.

Estamos claros que el interés de una elección constitucional es distinta a la de una consulta popular, pero aun así la diferencia es abismal.

Por otro lado, el hecho de que prácticamente el 100 por ciento de los participantes votaran por el ‘sí’ era previsible, pues la consulta estaba diseñada para eso, con todo y el barroquismo de la redacción en la pregunta, pero tal cosa se vuelve irrelevante frente al monumental desprecio que recibió la consulta.

Quejarse por la falta de difusión es también el auto reconocimiento de que esta vez Morena, sus dirigentes, funcionarios públicos; sus simpatizantes entre los que se cuentan artistas, creadores, intelectuales, académicos y diversos liderazgos fracasaron como promotores del voto.

Durante más de un mes, incluso antes de los tiempos oficiales para la difusión de la consulta y durante el mismo día del ejercicio, ocuparon sus espacios en redes sociales, medios tradicionales y cualquier otra forma de propaganda para convocar a los ciudadanos a expresarse. Pero no tuvieron eco. O al menos, no el que hubieran deseado.

A media mañana, quien esto escribe recorrió cuatro centros de votación en el norte de la ciudad. Estaban desolados. En las urnas, las boletas no llegaban a diez y en algunos casos no contenían una sola. Llamó la atención que quienes concurrieron a votar, en su mayoría fueron personas de la tercera edad, beneficiarios de los apoyos a adultos mayores.

Pero ¿dónde quedó el resto de beneficiarios de otros programas, como el de Jóvenes construyendo el futuro (mejor conocidos como ‘ninis’), mujeres y demás?

Pues en sus casas. Simplemente no les sedujo la idea de ir a votar y eso es una mala señal para Morena y sus gobiernos.

También puede decirse, no sin razón, que es una mala señal para la democracia y la participación ciudadana, pues más del 90 por ciento de los electores empadronados despreciaron la consulta, por las razones que la democrática lectora, el vacacionista lector guste y mande.

¡Más del 90 por ciento!
Incluso descontando a la mitad del padrón que usualmente no acude a las urnas, y a los que omitieron hacerlo esta vez como un posicionamiento político en contra de lo que consideraron una farsa, una capricho presidencial, una pérdida de tiempo, una payasada o cualquier otro argumento de los que nos hemos enterado en estos días, queda un universo bastante considerable de votantes que se supone acudirían a respaldar la iniciativa presidencial y no lo hicieron.

La referencia son los 16 millones que en junio pasado votaron por Morena, pero ayer nueve de millones de ellos despreciaron la consulta.

Esto no será del agrado del jefe de la Nación y líder nato del partido en el gobierno, sobre todo porque de alguna manera este ejercicio era una especie de revisión de sus clientelas electorales y una medición de su convocatoria rumbo a lo que viene el año entrante: el referéndum para la revocación de mandato.

El abstencionismo superior al 90 por ciento registrado en esta consulta es, sin duda, un misil directo al presidencial ego, que seguramente desatará reacciones. Eso lo veremos a partir de hoy lunes, cuando previsiblemente, el señor presidente no amanezca con el mejor humor.

Por último: para que la consulta fuera vinculante, se requerían unos 37 millones de votos, cifra que ni el presidente mismo esperaba alcanzar. De hecho, ese es uno de los motivos por los cuales mucha gente despreció el ejercicio.

Más allá del lugar común de que ‘la ley no se consulta’, el abstencionismo de ayer tuvo que ver con la negativa a validar un ejercicio que, aunque parezca un contrasentido a su presunto objetivo (enjuiciar a los corruptos del pasado) en realidad aparecía como la oportunidad para que el presidente tomara distancia de esa tarea y se lavara las manos amparado en su máxima de que ‘el pueblo manda’. Y como el pueblo despreció la consulta, pues ya no habrá tal enjuiciamiento. De hecho, López Obrador había adelantado que votaría por el ‘NO’ al juicio contra sus antecesores.

Genial ¿no?

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EL ZANCUDO | SOBRE AVISO (A VECES) NO HAY ENGAÑO

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Por: Arturo Soto Munguía.

Esta no me la platicaron porque yo estuve ahí reporteando la nota. Fue en un lujoso hotel de San Carlos y era el mes de noviembre de 2010.

Recién había cumplido un año de haber sido electo gobernador del estado, cuando Guillermo Padrés reunió a su gabinete legal y ampliado y a un pequeño ejército cercano a los 400 funcionarios y funcionarias que llegaron en 2009 a inaugurar la alternancia en Sonora, después de ininiterrumpidos gobiernos del PRI.

En ese momento hasta yo pensé que el gobernador hablaba en serio. Apelando a lo mejor de la doctrina panista sobre moral, ética, honestidad, bien común y demás, les dio a los allí presentes la regañada de su vida.

No era para menos. Apenas tenían un año de haber ganado las elecciones y ya eran legión los que, habiendo llegado con una mano atrás y otra adelante, con un piojo tridimensional encima y no traían ni tabaco en sus bolsillos, se convirtieron pronto en la comidilla de toda sobremesa, especialmente en la muy perspicaz y comunicativa sociedad hermosillense.

Y es que era muy evidente lo que ocurría. En menos de un año, muchos de los nuevos funcionarios sufrieron la metamorfosis de lo que suele conocerse como ‘Las 4 C’: cambiaron de Casa, Carro, Comida y hasta de Cul… tura.

En una pantalla gigante, el gobernador Padrés proyectó unas imágenes de la telenovela que en ese entonces encabezaba los ratings de Televisa, un churro titulado ‘El Premio Mayor’, cuyo personaje central era un pobre diablo que le pegó al ‘gordo’ de la lotería nacional y súbitamente comenzó a darse vida de millonario, aunque lo guarro jamás pudo quitárselo.

Con ese personaje, Guillermo Padrés comparó “a más de cincuenta que estoy viendo” –dijo– y así diciendo los llamó a la cordura, a la humildad, a evitar el canibalismo y la soberbia y a privilegiar el proyecto del llamado Nuevo Sonora antes que el interés personal.

Fue más allá: les advirtió que no se sorprendieran si se quedaban sin chamba por ese tipo de conductas, ya que no quería pasar por la vergüenza de regresarle el poder a los priistas por culpa de los malos funcionarios panistas; que no quería ser recordado como un gobernador de debut y despedida, les subrayó.

La historia suele ser, sin embargo, despiadada, y más si le ayudas un poco.

Porque la arenga de Guillermo Padrés en aquel entonces y ya vista en retrospectiva, se asemejaba mucho a la fábula genial de Samaniego, aquella en la que el cangrejo más anciano convocó a una reunión urgente para decretar que, en adelante, las mamás cangrejos habrían de enseñar a las nuevas generaciones a caminar para adelante.

“Lo diré sin rodeos. Debemos dejar de caminar para atrás. Todos nos usan como ejemplo negativo y hablan de nosotros como si fuéramos unos retrógrados”, dice la fábula.

“Para nosotros hay poca esperanza, pues ya es muy difícil cambiar, pero la nueva generación será más fácil”, dijo el cangrejo anciano.

Y así lo hicieron las mamás cangrejo, intentando de mil formas enseñar a sus cangrejitos a no caminar más para atrás.

“Un día sucedió algo curioso: uno de los cangrejitos se dio cuenta de que sus mamás les enseñaban a caminar para adelante pero ellas mismas y los demás cangrejos mayores continuaban caminando para atrás, y muy rápido”.

El consejo del cangrejo anciano quedó en la nada y la moraleja de la fábula es que “no se puede pedir a los demás que hagan lo que nosotros no hacemos”.

Cualquier semejanza con el padrecismo es, más que una coincidencia, un oscuro pasaje de esa historia en la que el mismísimo gobernador y varios de sus principales funcionarios fueron encarcelados por corruptos.

El pasaje de aquel lujoso hotel en San Carlos y la fábula de Samaniego vinieron a la memoria porque ayer, el gobernador electo Alfonso Durazo Montaño, con mucha mayor previsión que Padrés, lanzó severas advertencias a sus eventuales colaboradores y a quienes le acompañaron en la batalla electoral.

En un discurso muy similar al de Guillermo Padrés, Durazo advirtió en un evento con morenistas de Cajeme, pero con destino a los de todo el estado, lo siguiente:

“No quiero luego decir que no lo dije. Ofrecimos gobiernos humildes; ofrecimos en campaña que trabajaríamos para la gente y yo espero que nadie que se incorpore al gobierno en alguno de sus niveles envanezcan en el camino; espero que nadie que llegue honesto se vuelva corrupto; que nadie que llegó sencillo y humilde se vuelva arrogante, que se suba a un ladrillo, porque a ese lo vamos a empujar y a bajarlo a empujones”, dijo.

Y Agregó: “tenemos que gobernar apegados a los principios de la 4T. No debemos de permitir una sola rata en el gobierno; yo no voy a permitir una sola rata en mi gobierno, y si se nos cuela alguno, va pa’ fuera”, advirtió, tajante.

No pretendo con esto, Dios me libre (y nos libre), establecer alguna similitud entre Guillermo Padrés y Alfonso Durazo que vaya más allá de la curiosa coincidencia en el discurso anticorrupción y el llamado a conducirse bajo los preceptos de honestidad que, en el caso del primero ya vimos a donde fueron a parar.

Lo que sí resulta claro es que si el gobernador electo está advirtiendo desde ahora que les va a hacer manicure con hachuela a los que lleguen con intenciones aviesas, es que quizás ya las haya detectado. Y si no lo ha hecho, pues sobre aviso no hay engaño.

Porque si otra cosa queda clara, es que muchos de aquellos 400 que estuvieron en el lujoso hotel de San Carlos en 2010, con el correr de los años se fueron acercando a Morena y no son pocos los que han escalado posiciones legislativas y de gobierno, en cualquier nivel, en el proyecto de López Obrador.

Otros tantos de aquellos -incluso varios que pisaron la cárcel-, sin figurar mucho trabajaron en los últimos años para el proyecto de la cuarta transformación y están que se relamen los bigotes para regresar por lo que dejaron.

¿Nombres?

La memoriosa lectora, el grillísimo lector los tienen más ubicados que quien esto escribe, así que pueden ayudar a confeccionar una lista muy completa, citándolos al pie de esta columna y confirmando si es que ya aprendieron a caminar para adelante, o siguen, como los cangrejos de Samaniego, caminando siempre para atrás.

Yo por mi parte, solo cumplo con refrescar la memoria, confiando en que Durazo no es Padrés (que por cierto no empujó a nadie del ladrillo en sus seis años de gobierno), y que hará buenos los pronósticos y la metafórica advertencia del mismísimo presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, autor de esa frase sobre el manicure con hachuela.

Que así sea.

II

Y a propósito de políticas anticorrupción, vayan desde aquí los mejores deseos para que nuestro amigo Odracir Espinoza se recupere pronto, ya que pasó a ser parte de la estadística de infectados con el maldito coronavirus.

El fiscal anticorrupción se encuentra en estos momentos evaluando una oferta de trabajo que trasciende no solo las fronteras de Sonora, sino de México, y en cuanto podamos conversar con él les daremos más detalles.

Odracir termina el periodo para el que fue electo por el Congreso del Estado el próximo 12 de septiembre y tiene posibilidades de ser ratificado en el cargo, ya que esa facultad recae en la Fiscal General del estado, Claudia Indira Contreras. Es el mismo caso para el fiscal de delitos electorales, Daniel Núñez, que si bien fueron electos por el Congreso, a raíz de reformas legales posteriores, ahora ya ni siquiera interviene el Poder Ejecutivo, sino que es la Fiscal estatal quien decide si continúan o no.

Luego les pasamos más datos.

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