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EL ZANCUDO | LAS PRIORIDADES

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EL ZANCUDO | Por: Arturo Soto Munguía.
Salud y seguridad pública son temas que están rebasando la capacidad de respuesta del Estado mexicano. La tercera ola de coronavirus ya está encima y desde Chiapas hasta Sonora las armas de los criminales han dejado un reguero de muertos que se cuenta por decenas de miles.

La agenda de Palacio Nacional, sin embargo parece ser otra: la reestructuración de su partido, el reacomodo de tribus, señaladamente en Ciudad de México, el gran circo del tapado y las corcholatas que alienta una sucesión muy anticipada y la no menos circense consulta popular para preguntar a los mexicanos lo siguiente:

¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes, con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?

Cualquier cosa que esto signifique, el gobierno y su partido lo han simplificado de tal manera que todo queda en solicitar un ‘sí’ o un ‘no’ al enjuiciamiento de los presidentes en funciones durante el periodo neoliberal que, según los estudiosos del tema comienza con Miguel de la Madrid Hurtado, pero ese personaje ni siquiera es tocado en la propaganda con la que se entretienen todos en estos momentos.

La pregunta no contiene nombres, fechas ni acusaciones concretas, mucho menos posibles sanciones, pero es el nuevo juguete del aparato gubernamental y partidista para mantener vivo el activismo y sobre todo, la narrativa oficial que en este tema se mantiene permanentemente viendo el futuro con la nuca.

Si la misma atención y esfuerzo que hoy se dedican a estas tareas, se hubiera puesto en el abordaje de la pandemia desde su inicio, o el diseño y operación de una política de seguridad efectiva, cientos de miles de mexicanos quizás hoy seguirían vivos.

En el tema del coronavirus, como en otros, se miente con la verdad. Se asegura desde el oficialismo que el 40 por ciento de la población mexicana ha sido vacunada, lo que equivaldría a más de 50 millones de mexicanos, pero en realidad solo el 16 por ciento de la población ha recibido el esquema completo de vacunación y el 28 por ciento ha recibido al menos la primera dosis.

Pero resulta que hay 36 millones de niños y jóvenes (entre 12 y 18 años) que no han sido vacunados y que son vehículos de transmisión activos, algo que tiene relación con el repunte de los contagios que ya se conoce como la tercera ola.

La Secretaría de Salud federal reconoce hasta ayer 235 mil 277 muertes por Covid19 y la cifra de contagios ha rebasado los 2.6 millones. Con más de 11 mil casos ayer, se alcanzó un nuevo récord desde que arrancó la tercera ola -hace tres semanas, según López Gatell- y fallecieron 219 personas.

Las cifras, incluso las oficiales, son desalentadoras.

Y en el tema de la seguridad pública no hay mucho que la espantada lectora, el tembloroso lector no se enteren cada vez que escuchan un noticiero o leen cualquier medio: ejecuciones sumarias, tiroteos, cuerpos desmembrados, descabezados, colgados, desaparecidos, secuestros, levantones, asaltos ocupan los titulares de las noticias diariamente.

No hay estado en el país que escape a esta realidad.

Estos dos temas, salud y seguridad motivaron ayer una nueva alerta por parte del gobierno de Estados Unidos, que recomendó a sus ciudadanos reconsiderar sus planes de viaje a México, especialmente a los estados de Colima, Guerrero, Michoacán, Sinaloa, Tamaulipas, Baja California, Chihuahua, Coahuila, Durango, Guanajuato, Jalisco, Estado de México, Morelos, Nayarit, Sonora y Zacatecas debido a los altos índices de delitos que allí se registran, secuestros incluidos.

Esta lista coincide con un análisis del Pentágono, la sede del Departamento de Defensa de EEUU que recientemente reveló que al menos dos terceras partes del territorio nacional en México contaba con presencia del crimen organizado y en algunas regiones éste ejerce el control sobre dicho territorio.

¿Qué hace el gobierno mexicano, y particularmente el primer mandatario, el jefe de Estado, el comandante supremo de las Fuerzas Armadas frente a esta realidad?

Por las propias cifras oficiales, diríase que no mucho.

Su atención parece estar puesta en la recuperación de las alcaldías perdidas en la Ciudad de México y para ello destituyó al coordinador nacional de los programas federales del Bienestar, Gabriel García; envió al senador Martí Batres como secretario de Gobierno de Claudia Sheinbaum y seguramente anunciará más cambios próximamente.

La ingenua lectora, el despistado lector no se tragarán el cuento de que fue la jefa del gobierno capitalino quien decidió el cambio de su secretario, ¿verdad?

Claudia y Martí son viejos conocidos, compañeros de lucha desde la legendaria huelga del CEU en la UNAM en 1986, y algunos interpretaron este movimiento como uno encaminado por dos vías: de un lado trabajar para recuperar el terreno perdido en la capital; del otro, presentarle un frente más cohesionado desde la izquierda a las intenciones presidenciales de Marcelo Ebrard, que por cierto viene del PRI.

El dato no es menospreciable, porque perfila desde ya el reagrupamiento de las distintas tribus en Morena, frente al banderazo de salida dado por el propio presidente de la República para la sucesión 2024, que parece lejana pero ya está a la vuelta de la esquina.

Para mantener encendida la vela del activismo, aceitada la maquinaria propagandística y vigente la narrativa de ajuste de cuentas con el pasado, paralelamente se trabaja en la organización de la consulta para enjuiciar a los ex presidentes.

Una consulta tan difusa como rara, pues el propio presidente ha dicho que votará en contra, pero todo el partido y sus adláteres están concentrados en el activismo para promover el voto a favor de ese juicio.

Para que tal consulta sea vinculante, es decir, que se traduzca en acciones legales debe convocar al 40 por ciento de la lista nominal, es decir, unos 37.4 millones de electores.

Algunos estudiosos de este ejercicio sostienen que aun cuando se alcance o rebase esa cifra, por la laxitud de la pregunta, por la prescripción de algunos delitos y por otros vericuetos legales, la consulta no tendrá más efectos que los propagandísticos.

El ahínco con el que se promueve la consulta tiene que ver con que esta vez el presidente y su partido no compiten contra otro adversario porque no hay quién orgánicamente esté promoviendo el ‘no’. Compiten contra sí mismos y están obligados a movilizar a sus bases para probar que son capaces de convocar a las urnas a 40 millones de mexicanos.

Si no lo consiguen, se habrán auto infligido una derrota que puede sentar un mal precedente rumbo al siguiente episodio de esta trama: la consulta sobre la revocación del mandato al presidente, que se llevará a cabo el año próximo y en la que ahí sí veremos a la oposición promoviendo el voto anti AMLO.

El presidente mientras tanto, está confiado y presume contar con el apoyo del 72% de los mexicanos que, por lo visto nos motiva más contar votos que muertos.

En fin…

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EL ZANCUDO: LO BUENO, LO MALO Y LO FEO DE LA CONSULTA

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Por: Arturo Soto Munguía

El ejercicio de consulta llevado a cabo el pasado domingo tiene, entre todos aquellos puntos oscuros que han sido severamente criticados, una parte rescatable: la intención de fomentar entre los ciudadanos la participación en la definición de políticas públicas sobre temas que son de su interés.

Cualquier intento por involucrar a la sociedad en las acciones de gobierno es plausible, en tanto ayuda a democratizar la toma de decisiones y en general, la vida pública del país.

Lamentablemente en México, los procesos electorales han configurado un extenso catálogo de trampas y marrullerías que no ha sido posible erradicar del todo, y prevalecen aún como inhibidores de la participación ciudadana voluntaria, libre e informada.

Ha costado mucho trabajo, tiempo y hasta vidas construir las instituciones electorales que arrojen niveles aceptables de certeza en la organización y los resultados de las elecciones, y sin embargo éstas siguen teniendo sombras de dudas y sospechas de todo tipo.

No hay punto de comparación entre aquellos procesos que todavía en los años 80 del siglo pasado eran una oda al pillaje más descarado, y las que hoy tenemos a partir de la construcción de organismos con cierto grado de autonomía y ciudadanización, pero es claro que falta mucho camino por recorrer.

La descalificación de esos organismos y la tentación de arrasar con ellos para reconstruir otros a su modo y manera, no abonan en ese camino, mucho menos si esa intentona viene del propio gobierno, interesado en regresar al patrimonialismo con que asumía en el pasado la integración y el funcionamiento de los órganos electorales.

Convertir una consulta pública en un ejercicio de validación de consignas partidistas fue quizás el principal motivo del fracaso de este primer intento, al que le voltearon la espalda el 90 por ciento de los electores.

La consulta pública es un mecanismo para la democratización del país, pero cuando el partido político en el gobierno se lo apropia, se convierte en lo contrario. Entre otras cosas, por eso la gente no acudió a las urnas.

Así, lo bueno de la consulta es la intención de involucrar a la sociedad en el debate público y ofrecerle el poder de incidir en las decisiones; lo malo, que al convertirse en una suerte de recuento interno de los simpatizantes de un partido político, dejó fuera al resto de la sociedad, que con su desprecio les hizo saber que están dispuestos a validar propuestas del gobierno, pero no todas.

Y lo feo, comprobar una vez más que entre algunos personeros del gobierno de la segunda alternancia en México quedan aún sedimentos del viejo régimen autoritario, normalizador de prácticas fraudulentas para validar, así sea rellenando urnas, un ejercicio que no despertó mayor interés que el de la propia militancia del partido oficial.

II

Y a propósito de la consulta, llamó la atención la foto que subió a su cuenta de tuiter el alcalde electo de Hermosillo, Antonio Astiazarán Gutiérrez participando de ese ejercicio.

Ejerció un voto crítico, digamos, pues aunque sostuvo que la ley no se consulta, también apuntó que para exigir hay que participar.

El gesto fue criticado por muchos cibernautas, pero otros lo interpretaron como una suerte de ‘bandera blanca’, un guiño hacia el gobierno federal y por qué no, hacia el gobernador electo, Alfonso Durazo con quien le esperan (al menos) tres años de gestión separados solo por el puente que conecta los palacios de gobierno, el estatal y el municipal.

Es, creo, una buena señal de parte del alcalde electo que anticipa así la voluntad de no apostarle a la confrontación sino al ejercicio de la política entendida ésta como la vía para alcanzar acuerdos, independientemente del origen partidista de los titulares del poder ejecutivo estatal y municipal.

Desde que Guatimoc Yberri entró en contradicciones con Manlio Fabio Beltrones en el trienio 1991-94, la historia de la relación entre los ocupantes de ambos palacios, aun siendo del mismo partido político está llena de episodios ríspidos en los que usualmente quien ha salido más raspado es quien ocupa la alcaldía.

Una alcaldía que por cierto, tiene fama de ser una trituradora de aspiraciones políticas, y si no solo hay que pasar revista sobre el destino que tuvieron los y las presidentes municipales de la capital de ese entonces a la fecha.

Por ahí desfilaron después de ‘El Guaty’, Gastón González Guerra, Jorge Valencia Juillerat, Pancho Búrquez, Dolores del Río, Ernesto Gándara, Javier Gándara, Alejandro López Caballero, Manuel Ignacio Acosta y Célida López Cárdenas.

Varios de ellos aspiraron -y algunos lo intentaron- pasarse al palacio de enseguida, pero se quedaron en el intento. No todos se pelearon con el gobernador (o gobernadora) en turno, pero a quienes lo hicieron les fue peor.

Toño Astiazarán no es un novato en estos menesteres: ya fue diputado local, federal y alcalde de Guaymas; ocupó diversos puestos públicos y ha desarrollado un retorcido colmillo político, que le permite hacer sus propias lecturas del momento que le ha tocado vivir.

No hay que sorprenderse entonces, si el guaymense envía esta clase de señales, sobre todo porque si en algún momento se vislumbraba una transición accidentada tanto en lo municipal como en lo estatal, las señales que se han enviado hasta ahora apuntan a procesos de entrega-recepción más bien tersos.

De hecho ayer se reunieron los alcaldes, el interino y el electo, para encabezar la reunión de la Comisión Mixta de Entrega-Recepción teniendo como tema central de ese encuentro el relativo a la seguridad pública.

Tanto Fermín González como Antonio Astiazarán estuvieron acompañados de sus principales colaboradores y el reporte indica que todo transcurrió en un clima de cordialidad.

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EL ZANCUDO: ‘GANÓ’ EL NO… ¡A LA CONSULTA!

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Ya vendrán las explicaciones, justificaciones y reparto de culpas, pero de entrada, no hay manera de considerar un éxito la consulta de ayer: la abrumadora mayoría de los ciudadanos le dieron la espalda y decidieron no salir a las urnas.

Menos del 10 por ciento del padrón movilizado para el primer ejercicio de la llamada democracia plebiscitaria es suficiente para considerarlo un fracaso, pese a que la consigna era bastante atractiva: llevar a juicio a los ex presidentes, aunque en sentido estricto no se trataba de eso, sino de responder a una pregunta bastante laxa, por no decir confusa y al final, poco convincente, como se reflejó en las urnas.

Nadie esperaba, ni los propios promotores oficiosos de la consulta (además del INE como promotor oficial), una participación siquiera cercana a los 37 millones requeridos para que la misma tuviera un carácter vinculatorio, pero tampoco esperaban que se quedaran tan lejos. Hicieron falta 30 millones de votos para llegar a esa cifra.

Culpar al INE por la bajísima participación ciudadana es apenas un recurso para la auto exoneración en un proceso que no concitó mayor interés que el del llamado voto duro del lópezobradorismo, lo que debió encender focos rojos en su tablero porque no llegó a siete millones.

Culpar al ‘PRIAN’, a la derecha, a los conservadores o como quiera que se aluda desde Palacio Nacional a la oposición, es peor, porque sería otorgarle el reconocimiento como ‘oposición moralmente victoriosa’, ya que sus llamados a no participar en la consulta habrían sido más poderosos que los del partido del presidente y los del propio presidente, que por cierto no votó, ya que se encontraba de gira por Nayarit y no hubo casillas especiales para esta consulta.

Planteado como un ejercicio de democracia participativa, la consulta se redujo a prácticamente un evento interno del partido en el gobierno que movilizó a su militancia, a simpatizantes y a una muy reducida parte de los beneficiarios de programas sociales.

En el caso de Sonora, por ejemplo, de una lista nominal de dos millones 196 mil 722 electores, votaron solo 27 mil 362. Apenas el 1.2 por ciento. ¿Dónde quedaron los más de 400 mil votantes que hace dos meses salieron a votar por Morena, principal promotor de la consulta? Misterio.

Estamos claros que el interés de una elección constitucional es distinta a la de una consulta popular, pero aun así la diferencia es abismal.

Por otro lado, el hecho de que prácticamente el 100 por ciento de los participantes votaran por el ‘sí’ era previsible, pues la consulta estaba diseñada para eso, con todo y el barroquismo de la redacción en la pregunta, pero tal cosa se vuelve irrelevante frente al monumental desprecio que recibió la consulta.

Quejarse por la falta de difusión es también el auto reconocimiento de que esta vez Morena, sus dirigentes, funcionarios públicos; sus simpatizantes entre los que se cuentan artistas, creadores, intelectuales, académicos y diversos liderazgos fracasaron como promotores del voto.

Durante más de un mes, incluso antes de los tiempos oficiales para la difusión de la consulta y durante el mismo día del ejercicio, ocuparon sus espacios en redes sociales, medios tradicionales y cualquier otra forma de propaganda para convocar a los ciudadanos a expresarse. Pero no tuvieron eco. O al menos, no el que hubieran deseado.

A media mañana, quien esto escribe recorrió cuatro centros de votación en el norte de la ciudad. Estaban desolados. En las urnas, las boletas no llegaban a diez y en algunos casos no contenían una sola. Llamó la atención que quienes concurrieron a votar, en su mayoría fueron personas de la tercera edad, beneficiarios de los apoyos a adultos mayores.

Pero ¿dónde quedó el resto de beneficiarios de otros programas, como el de Jóvenes construyendo el futuro (mejor conocidos como ‘ninis’), mujeres y demás?

Pues en sus casas. Simplemente no les sedujo la idea de ir a votar y eso es una mala señal para Morena y sus gobiernos.

También puede decirse, no sin razón, que es una mala señal para la democracia y la participación ciudadana, pues más del 90 por ciento de los electores empadronados despreciaron la consulta, por las razones que la democrática lectora, el vacacionista lector guste y mande.

¡Más del 90 por ciento!
Incluso descontando a la mitad del padrón que usualmente no acude a las urnas, y a los que omitieron hacerlo esta vez como un posicionamiento político en contra de lo que consideraron una farsa, una capricho presidencial, una pérdida de tiempo, una payasada o cualquier otro argumento de los que nos hemos enterado en estos días, queda un universo bastante considerable de votantes que se supone acudirían a respaldar la iniciativa presidencial y no lo hicieron.

La referencia son los 16 millones que en junio pasado votaron por Morena, pero ayer nueve de millones de ellos despreciaron la consulta.

Esto no será del agrado del jefe de la Nación y líder nato del partido en el gobierno, sobre todo porque de alguna manera este ejercicio era una especie de revisión de sus clientelas electorales y una medición de su convocatoria rumbo a lo que viene el año entrante: el referéndum para la revocación de mandato.

El abstencionismo superior al 90 por ciento registrado en esta consulta es, sin duda, un misil directo al presidencial ego, que seguramente desatará reacciones. Eso lo veremos a partir de hoy lunes, cuando previsiblemente, el señor presidente no amanezca con el mejor humor.

Por último: para que la consulta fuera vinculante, se requerían unos 37 millones de votos, cifra que ni el presidente mismo esperaba alcanzar. De hecho, ese es uno de los motivos por los cuales mucha gente despreció el ejercicio.

Más allá del lugar común de que ‘la ley no se consulta’, el abstencionismo de ayer tuvo que ver con la negativa a validar un ejercicio que, aunque parezca un contrasentido a su presunto objetivo (enjuiciar a los corruptos del pasado) en realidad aparecía como la oportunidad para que el presidente tomara distancia de esa tarea y se lavara las manos amparado en su máxima de que ‘el pueblo manda’. Y como el pueblo despreció la consulta, pues ya no habrá tal enjuiciamiento. De hecho, López Obrador había adelantado que votaría por el ‘NO’ al juicio contra sus antecesores.

Genial ¿no?

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EL ZANCUDO | SOBRE AVISO (A VECES) NO HAY ENGAÑO

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Por: Arturo Soto Munguía.

Esta no me la platicaron porque yo estuve ahí reporteando la nota. Fue en un lujoso hotel de San Carlos y era el mes de noviembre de 2010.

Recién había cumplido un año de haber sido electo gobernador del estado, cuando Guillermo Padrés reunió a su gabinete legal y ampliado y a un pequeño ejército cercano a los 400 funcionarios y funcionarias que llegaron en 2009 a inaugurar la alternancia en Sonora, después de ininiterrumpidos gobiernos del PRI.

En ese momento hasta yo pensé que el gobernador hablaba en serio. Apelando a lo mejor de la doctrina panista sobre moral, ética, honestidad, bien común y demás, les dio a los allí presentes la regañada de su vida.

No era para menos. Apenas tenían un año de haber ganado las elecciones y ya eran legión los que, habiendo llegado con una mano atrás y otra adelante, con un piojo tridimensional encima y no traían ni tabaco en sus bolsillos, se convirtieron pronto en la comidilla de toda sobremesa, especialmente en la muy perspicaz y comunicativa sociedad hermosillense.

Y es que era muy evidente lo que ocurría. En menos de un año, muchos de los nuevos funcionarios sufrieron la metamorfosis de lo que suele conocerse como ‘Las 4 C’: cambiaron de Casa, Carro, Comida y hasta de Cul… tura.

En una pantalla gigante, el gobernador Padrés proyectó unas imágenes de la telenovela que en ese entonces encabezaba los ratings de Televisa, un churro titulado ‘El Premio Mayor’, cuyo personaje central era un pobre diablo que le pegó al ‘gordo’ de la lotería nacional y súbitamente comenzó a darse vida de millonario, aunque lo guarro jamás pudo quitárselo.

Con ese personaje, Guillermo Padrés comparó “a más de cincuenta que estoy viendo” –dijo– y así diciendo los llamó a la cordura, a la humildad, a evitar el canibalismo y la soberbia y a privilegiar el proyecto del llamado Nuevo Sonora antes que el interés personal.

Fue más allá: les advirtió que no se sorprendieran si se quedaban sin chamba por ese tipo de conductas, ya que no quería pasar por la vergüenza de regresarle el poder a los priistas por culpa de los malos funcionarios panistas; que no quería ser recordado como un gobernador de debut y despedida, les subrayó.

La historia suele ser, sin embargo, despiadada, y más si le ayudas un poco.

Porque la arenga de Guillermo Padrés en aquel entonces y ya vista en retrospectiva, se asemejaba mucho a la fábula genial de Samaniego, aquella en la que el cangrejo más anciano convocó a una reunión urgente para decretar que, en adelante, las mamás cangrejos habrían de enseñar a las nuevas generaciones a caminar para adelante.

“Lo diré sin rodeos. Debemos dejar de caminar para atrás. Todos nos usan como ejemplo negativo y hablan de nosotros como si fuéramos unos retrógrados”, dice la fábula.

“Para nosotros hay poca esperanza, pues ya es muy difícil cambiar, pero la nueva generación será más fácil”, dijo el cangrejo anciano.

Y así lo hicieron las mamás cangrejo, intentando de mil formas enseñar a sus cangrejitos a no caminar más para atrás.

“Un día sucedió algo curioso: uno de los cangrejitos se dio cuenta de que sus mamás les enseñaban a caminar para adelante pero ellas mismas y los demás cangrejos mayores continuaban caminando para atrás, y muy rápido”.

El consejo del cangrejo anciano quedó en la nada y la moraleja de la fábula es que “no se puede pedir a los demás que hagan lo que nosotros no hacemos”.

Cualquier semejanza con el padrecismo es, más que una coincidencia, un oscuro pasaje de esa historia en la que el mismísimo gobernador y varios de sus principales funcionarios fueron encarcelados por corruptos.

El pasaje de aquel lujoso hotel en San Carlos y la fábula de Samaniego vinieron a la memoria porque ayer, el gobernador electo Alfonso Durazo Montaño, con mucha mayor previsión que Padrés, lanzó severas advertencias a sus eventuales colaboradores y a quienes le acompañaron en la batalla electoral.

En un discurso muy similar al de Guillermo Padrés, Durazo advirtió en un evento con morenistas de Cajeme, pero con destino a los de todo el estado, lo siguiente:

“No quiero luego decir que no lo dije. Ofrecimos gobiernos humildes; ofrecimos en campaña que trabajaríamos para la gente y yo espero que nadie que se incorpore al gobierno en alguno de sus niveles envanezcan en el camino; espero que nadie que llegue honesto se vuelva corrupto; que nadie que llegó sencillo y humilde se vuelva arrogante, que se suba a un ladrillo, porque a ese lo vamos a empujar y a bajarlo a empujones”, dijo.

Y Agregó: “tenemos que gobernar apegados a los principios de la 4T. No debemos de permitir una sola rata en el gobierno; yo no voy a permitir una sola rata en mi gobierno, y si se nos cuela alguno, va pa’ fuera”, advirtió, tajante.

No pretendo con esto, Dios me libre (y nos libre), establecer alguna similitud entre Guillermo Padrés y Alfonso Durazo que vaya más allá de la curiosa coincidencia en el discurso anticorrupción y el llamado a conducirse bajo los preceptos de honestidad que, en el caso del primero ya vimos a donde fueron a parar.

Lo que sí resulta claro es que si el gobernador electo está advirtiendo desde ahora que les va a hacer manicure con hachuela a los que lleguen con intenciones aviesas, es que quizás ya las haya detectado. Y si no lo ha hecho, pues sobre aviso no hay engaño.

Porque si otra cosa queda clara, es que muchos de aquellos 400 que estuvieron en el lujoso hotel de San Carlos en 2010, con el correr de los años se fueron acercando a Morena y no son pocos los que han escalado posiciones legislativas y de gobierno, en cualquier nivel, en el proyecto de López Obrador.

Otros tantos de aquellos -incluso varios que pisaron la cárcel-, sin figurar mucho trabajaron en los últimos años para el proyecto de la cuarta transformación y están que se relamen los bigotes para regresar por lo que dejaron.

¿Nombres?

La memoriosa lectora, el grillísimo lector los tienen más ubicados que quien esto escribe, así que pueden ayudar a confeccionar una lista muy completa, citándolos al pie de esta columna y confirmando si es que ya aprendieron a caminar para adelante, o siguen, como los cangrejos de Samaniego, caminando siempre para atrás.

Yo por mi parte, solo cumplo con refrescar la memoria, confiando en que Durazo no es Padrés (que por cierto no empujó a nadie del ladrillo en sus seis años de gobierno), y que hará buenos los pronósticos y la metafórica advertencia del mismísimo presidente de la república, Andrés Manuel López Obrador, autor de esa frase sobre el manicure con hachuela.

Que así sea.

II

Y a propósito de políticas anticorrupción, vayan desde aquí los mejores deseos para que nuestro amigo Odracir Espinoza se recupere pronto, ya que pasó a ser parte de la estadística de infectados con el maldito coronavirus.

El fiscal anticorrupción se encuentra en estos momentos evaluando una oferta de trabajo que trasciende no solo las fronteras de Sonora, sino de México, y en cuanto podamos conversar con él les daremos más detalles.

Odracir termina el periodo para el que fue electo por el Congreso del Estado el próximo 12 de septiembre y tiene posibilidades de ser ratificado en el cargo, ya que esa facultad recae en la Fiscal General del estado, Claudia Indira Contreras. Es el mismo caso para el fiscal de delitos electorales, Daniel Núñez, que si bien fueron electos por el Congreso, a raíz de reformas legales posteriores, ahora ya ni siquiera interviene el Poder Ejecutivo, sino que es la Fiscal estatal quien decide si continúan o no.

Luego les pasamos más datos.

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