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Editorial

APLAUSOS POR HÉCTOR CAÑEZ

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APLAUSOS POR HÉCTOR CAÑEZ
Bulmaro Pacheco

Lo que más registraba—y disfrutaba en silencio— Héctor Cañez, era la envidia de una parte de nuestra generación siempre por los maestros que tuvo en la Facultad de Derecho de la UNAM en la que cursó la licenciatura a principios de los cincuenta del siglo pasado.

Y no era para menos.

Haber recibido la clase de Teoría del Estado con don Jesús Reyes Heroles, Derecho del trabajo con Mario de la Cueva, filosofía del derecho con Luis Recaséns Siches y algunas materias con Antonio Martínez Báez entre otros célebres de la época, era para causarle envidia de la buena a cualquier aficionado al derecho.

Maestros todos, ilustres de gran prestigio, amenos y eruditos con obra escrita, con legiones de seguidores en el mundo académico y trascendentes para la vida pública de México.Todo un lujo.

Conocí personalmente a Cañez, en 1974 cuando se desempeñaba como secretario particular de Gilberto Ruiz Almada, a la sazón, subsecretario de Hacienda del gobierno de Luis Echeverría. Cañez, siempre dispuesto a recibir y apoyar a quien se le acercara, lo mismo para darle razón de su tierra, como para expedir infinidad de cartas de recomendación y para apoyos diversos que le solicitaban, principalmente una legión de estudiantes necesitados, que por las tardes y hasta muy noche, hacían cola en su antesala.

A todos atendía amablemente y para todos tenía algo, aún al costo de retirarse de sus oficinas pasada la medianoche.
Como residente original junto son sus padres de la Colonia Irrigación desde 1947, era un apasionado de su pueblo—después—, Villa Juárez.

Ya en ese año (1974), y de buenas a primeras nos encargó tanto a su paisano Villajuarense Mario Holguín—que me lo había presentado—, como a mi, una opinión -estudio sobre la viabilidad de la comisaría de Villa Juárez para dar el brinco a municipio y dejar de depender de Etchojoa, una causa que nunca dejó de lado, que empujó con una mayor fuerza cuando fue diputado local entre 1991 y 1994, y un sueño que se le haría realidad años después, cuando su paisano gobernador Beltrones, con su ayuda impulsara la creación del municipio número 71, Benito Juárez.
Cañez terminó el sexenio de Luis Echeverría y se retiró a hacer política a su Estado. Consiguió la delegación del Registro Federal de Vehículos en Sonora, y ahí permaneció haciendo política, haciendo amigos y trabajando para el partido. Logró lo postularan primer regidor en el gobierno municipal de Alicia Arellano (1979-1982) en la capital Hermosillo y ahí brilló con un gran desempeño, muy leal con Doña Alicia y siempre ligado a la gente necesitada de las colonias populares.

A finales de 1983 manifestó su aspiración de convertirse en presidente municipal de Hermosillo, y en poco tiempo logró importantes apoyos.

Quería rescatar la capital del estado para el PRI, que entonces era gobernada por Casimiro Navarro del PAN.

Así mandó la señal, pero en el palacio de gobierno de entonces no simpatizaron con su idea.

No se arredró Cañez y empezó a moverse por su cuenta, y en muy poco tiempo logró reunir importantes apoyos sociales, incluida la simpatía de su compañero de generación Gustavo Carvajal entre otros.
El proyecto de Cañez causó preocupación por lo complicado de la elección de 1985 y en una fría noche de diciembre de 1984 al calor de las brasas, el bacanora, las tortillas tostadas y el café caliente, en una vieja casona a la orillas del desbordado río Mátape, acompañado de Miguel Angel Murillo, Pancho Aldana, Gustavo Moreno y el que esto escribe, mandó la señal—a los dirigentes del PRI de entonces—, de que: “El rechazaría cualquier otra oferta (diputación local o federal) que no fuera la presidencia municipal y que de ser necesario, optaría por la candidatura independiente, aún cuando en aquella época no existiera la figura”.

Por fortuna, la sangre no llegó al río y Cañez se mantuvo fiel a su partido.

con discreción y gallardía —político profesional al fin—el equivocado debate que tanto dividiera al PRI por años, ese de la exclusión generacional que solo sirvió para dar paso a una generación de aventureros de la política que siempre vieron la disciplina como un negocio. “Por eso no duran”, decía, “por eso llegan y se van” y siempre somos los más firmes los que nos quedamos. Tenía razón. H

un militante de más de 60 años en el PRI, donde también fue secretario general y presidente del CDE.

Sería después y por poco tiempo delegado de la Secretaría del Trabajo, y participaría en la interna del PRI del 2002 como aspirante a la candidatura a gobernador junto a Eduardo Bours, Alfonso Molina y Guillermo Hopkins. Célebre y recordada aquella expresión de su coordinador de prensa, Angel Acedo, cuando a la salida de Nogales de uno de los debates entre los precandidatos le dijo: “Héctor; ¿Y si ganamos? ¿Que vamos a hacer? ¡Pues ganar la que sigue, baboso! Para eso estamos aquí, ¿Que no? Y todos rieron. Así era Cañez, siempre con un gran sentido del humor.

Como un militante leal al PRI y ubicado a la izquierda, en la línea socialdemócrata, nunca renegó del PRI aunque solo haya sido regidor y diputado local. Era un activo militante, un servidor de tiempo completo (hasta el final) de las causas populares de la gente y un certero crítico de las decisiones cupulares como aquélla de 1999 cuando manifestó abiertamente su rechazo a la burda imposición de un empresario de corte reaccionario, totalmente ajeno al PRI, como secretario Técnico del Consejo Político Estatal. ¿Que error!; Así como vamos; ¡no te extrañe que perdamos en el 2000! me dijo, y acertó.

Héctor hubiera cumplido 85 años el próximo 17 de enero. Apenas el 21 de mayo pasado, en el salón Colosio del PRI donde nos encontramos, hacíamos planes para que en una próxima conferencia, nos hablara de su vida y de sus andanzas por la política y el servicio público, tema de suyo aleccionador por lo que Cañez representaba para las nuevas generaciones.

Ya no pudo. Perdió la batalla contra la enfermedad en la madrugada de hoy, en un hospital de la capital acompañado de sus familiares más cercanos. Descanse en paz un buen hombre, un buen político que con su vida, supo acreditar la congruencia y la honestidad como valores supremos de su actuación. Pocos de esa estatura.Pocos de esa hechura. Lo vamos a extrañar.

Descanse en Paz. Nuestro Pésame a sus familiares y a la legión de amigos que deja Héctor en Sonora y fuera del Estado.
bulmarop@gmail.com

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Carrusel

CARRUSEL: CHAYITO, DE UÑAS MUY LARGAS Y UN DESASTRE A SIMPLE VISTA

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Por: Víctor Fausto Silva
La regidora panista Berenice Jiménez pintó de un plumazo la desastrosa gestión de la alcaldesa Chayito Quintero en Navojoa. Citamos lo dicho al diario La Verdad:

Lo que hemos visto de ‘Chayito’ Quintero en esta administración es lamentable, tiene muy largas las uñas, no le interesa Navojoa, nos ha dado puras ruedas de prensa de papilla con temas como la donación de sus vestidos, pero nunca nos rindió cuentas, por favor, es una burla
Y ni modo de regatearle contundencia y tino a su afirmación, cuando por enésima vez, la Comisión Federal de Electricidad le dejó sin energía las oficinas centrales del Organismo Operador de Agua Potable.

Mientras doña Chayo se saca de la manga encuestas que supuestamente la avalan como una de las mejores alcaldesas del país, la terca realidad insiste en aterrizarla contra el suelo.

No da una, pero en su mundo paralelo sigue hablando de un gobierno sensible, cercano a la gente y porrrr supuesto: honesto y eficiente.

Pero está visto que doña CFE no entiende de verborrea y autoelogios: reclamaba un pago mínimo de 3 millones de pesos –de un total de 8 millones-, que la paramunicipal fue incapaz de cubrir, así que le pasó el vil tijerazo, como lo ha hecho tatas veces antes.

A la regidora Jiménez le asiste la razón cuando sostiene que en el tema de Oomapasn y el desgarriate financiero, los que ya se van están “nadando de muertito”, pero siendo realistas se quedó corta: a doña Chayo lo que menos le pasa por la cabeza es irse a su casa, sino, por lo contrario, como malabarista de crucero insiste en ejecutar pirueta y media tratando de llamar la atención del gobernador electo Alfonso Durazo, para que le permita brincar al gabinete estatal, aunque sea de portera en alguna oficina.

Oomapasn: planta portátil, otro parche.
Por eso intensifica su promoción de imagen con lo que tenga a la mano: una encuesta que la hace ver mejor calificada que AMLO, las fanfarrias para el elevador que a precio de oro construye en el palacio –su magna obra, dice ella-, la donación de sus vestidos a un museo como si fueran los de Carlota, la desquiciada mujer de Maximiliano y, por supuesto, su excelsa imitación de Libertad Lamarque a la hora de deshacerse en llanto culpando a otros del mugrero que está dejando.
¿Qué esperanza tienen los Bomberos y los socorristas de la Cruz Roja, de que la señora les entregue los casi 4 millones de pesos aportados por los navojoenses como donativos en sus pagos de agua, si ya la dejaron hasta sin luz?

Eso sí: pa’pronto consiguió una planta portátil generadora de electricidad, como para presumir que está muy pendiente de los problemas y de hallarles rápida solución. Lo que ahora se pregunta la gente es de dónde sacará para pagar ya no la renta, sino el combustible que dicho aparato consume, porque ha demostrado hasta la saciedad que es tracamandanga profesional.

Enésimo parche, pues, como parche resultó aquella reasignación de recursos de otras dependencias por 16 millones de pesos, dizque para liquidar totalmente los adeudos de Oomapasn con la CFE. Dinero esfumado, como el que le esfumó a los patronatos de Bomberos y de la Cruz Roja.

Sin embargo, en medio de un panorama tan desolador, surge un pronunciamiento del alcalde electo Mario “Mayito” Martínez, sobre la posibilidad de recurrir a consulta pública para someter a un eventual juicio a la alcaldesa, dependiendo de los resultados del proceso de entrega-recepción del Ayuntamiento.

“Mayito” Martínez: no necesita que le cuenten.
No debió gustarle a la maestra, sobre todo considerando que el “Mayito” agregó a su currículum un plus a su paso como titular del SAT en Cajeme: que ya aprendió a fiscalizar.
A dicha intención habría que añadirle dos elementos más. El primero es que el alcalde le entrará al toro con expertos conocedores de números y manejos administrativos, y dos, que en campaña recorrió palmo a palmo la geografía de Navojoa, donde seguramente no cosechó flores para doña Chayo.

No necesita que le cuenten ni que le vendan ideas, pues.

El desastre está a la vista. Como decía Juan Gabriel: lo que se ve no se juzga.

En un descuido, de aquí a su toma de posesión, el “Mayito” se encuentra con la ciudad a oscuras por los adeudos con la CFE…mientras doña Chayo sigue bailoteando y haciendo piruetas.

Primero es el ejemplo.
No es para pecar de alarmistas, pero sí para parar oreja, porque la pandemia por el Covid 19 está poniéndose ooootra vez del cocol.

Los que dicen entenderle sostienen que es la llamada “tercera ola”, el presidente López Obrador –seguramente con otros datos que nomás él ve- lo atribuye a “un ligero repunte” y que las hilachas, pero lo cierto es que la ocupación hospitalaria está disparándose como en los peores días, lo que obliga a todos a dejar de lado la pachanga y tomar en serio la situación.

A nivel nacional, la versión renovada y recargada de Cantinflas, el subsecretario Hugo López Gatell, dice que el 97% de los hospitalizados por Covid enfermaron porque no han sido vacunados y el resto es porque tienen antecedentes de padecimientos añejos que los han debilitado y los han hecho más propensos a contraer el bicho, mientras acá en Sonora nos acercamos cada vez más al rojo del semáforo epidemiológico.

El secretario de Salud Enrique Clausen ya tiene la boca chueca de tanto alertar sobre dicha amenaza: están presentándose hasta 500 contagios diarios, están subiendo los casos de la llamada variante Delta, que mata incluso a quienes ya tienen dos dosis de vacuna y se eleva también el número de pacientes intubados en los hospitales.

Con esos truenos, uno pensaría que las autoridades –todas- serían las primeras en atender los llamados de alerta para proteger a sus gobernados, y hasta les conferimos cierto grado de credibilidad cuando en Guaymas, por ejemplo, la alcaldesa Sara Valle decidió días atrás cerrar todas las playas, porque la gente nomás no entiende y sigue rascándole el costillar a la calaca.

Sara Valle: irresponsable y frívola.
Sin embargo, todo viso de seriedad se va al bote de la basura cuando la propia Sara Valle aparece en redes sociales encantada de la vida y bailoteando como fariseo con los Seris en Punta Chueca, donde más de cuatro especularon que incluso aprovechó para probar el llamado “Sapo”, un alucinógeno que hace ver la Cuarta Transformación como la segunda venida de Cristo a la tierra.
Iracunda por la exhibida, la dama despotricó contra los que la chifletearon, pero su nefasto ejemplo ahí quedó, agravado porque pocos días después se supo de un brote de Covid en Punta Chueca, ya con pacientes trasladados a Hermosillo para su atención urgente.

Ahora quedará la duda –con “Sapo” o sin él- sobre si la frívola alcaldesa llevó el bicho a los Seris o si de ahí lo importará a Guaymas, para que se extienda una plaga que ya parece eterna.

¿A qué viene el tema en este espacio? Primero, a que nos siguen valiendo cuete las recomendaciones respecto al cuidado de nuestra propia vida, y segundo, a que la gente menos hará caso si sigue viendo a sus autoridades dándole vuelo a la hilacha, cuando deberían ser los primeros en predicar con el ejemplo.

Pobre Clausen: terminará con la boca en la nuca, pegando gritos en el desierto.

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El Zancudo

EL ZANCUDO: LO BUENO, LO MALO Y LO FEO DE LA CONSULTA

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Por: Arturo Soto Munguía

El ejercicio de consulta llevado a cabo el pasado domingo tiene, entre todos aquellos puntos oscuros que han sido severamente criticados, una parte rescatable: la intención de fomentar entre los ciudadanos la participación en la definición de políticas públicas sobre temas que son de su interés.

Cualquier intento por involucrar a la sociedad en las acciones de gobierno es plausible, en tanto ayuda a democratizar la toma de decisiones y en general, la vida pública del país.

Lamentablemente en México, los procesos electorales han configurado un extenso catálogo de trampas y marrullerías que no ha sido posible erradicar del todo, y prevalecen aún como inhibidores de la participación ciudadana voluntaria, libre e informada.

Ha costado mucho trabajo, tiempo y hasta vidas construir las instituciones electorales que arrojen niveles aceptables de certeza en la organización y los resultados de las elecciones, y sin embargo éstas siguen teniendo sombras de dudas y sospechas de todo tipo.

No hay punto de comparación entre aquellos procesos que todavía en los años 80 del siglo pasado eran una oda al pillaje más descarado, y las que hoy tenemos a partir de la construcción de organismos con cierto grado de autonomía y ciudadanización, pero es claro que falta mucho camino por recorrer.

La descalificación de esos organismos y la tentación de arrasar con ellos para reconstruir otros a su modo y manera, no abonan en ese camino, mucho menos si esa intentona viene del propio gobierno, interesado en regresar al patrimonialismo con que asumía en el pasado la integración y el funcionamiento de los órganos electorales.

Convertir una consulta pública en un ejercicio de validación de consignas partidistas fue quizás el principal motivo del fracaso de este primer intento, al que le voltearon la espalda el 90 por ciento de los electores.

La consulta pública es un mecanismo para la democratización del país, pero cuando el partido político en el gobierno se lo apropia, se convierte en lo contrario. Entre otras cosas, por eso la gente no acudió a las urnas.

Así, lo bueno de la consulta es la intención de involucrar a la sociedad en el debate público y ofrecerle el poder de incidir en las decisiones; lo malo, que al convertirse en una suerte de recuento interno de los simpatizantes de un partido político, dejó fuera al resto de la sociedad, que con su desprecio les hizo saber que están dispuestos a validar propuestas del gobierno, pero no todas.

Y lo feo, comprobar una vez más que entre algunos personeros del gobierno de la segunda alternancia en México quedan aún sedimentos del viejo régimen autoritario, normalizador de prácticas fraudulentas para validar, así sea rellenando urnas, un ejercicio que no despertó mayor interés que el de la propia militancia del partido oficial.

II

Y a propósito de la consulta, llamó la atención la foto que subió a su cuenta de tuiter el alcalde electo de Hermosillo, Antonio Astiazarán Gutiérrez participando de ese ejercicio.

Ejerció un voto crítico, digamos, pues aunque sostuvo que la ley no se consulta, también apuntó que para exigir hay que participar.

El gesto fue criticado por muchos cibernautas, pero otros lo interpretaron como una suerte de ‘bandera blanca’, un guiño hacia el gobierno federal y por qué no, hacia el gobernador electo, Alfonso Durazo con quien le esperan (al menos) tres años de gestión separados solo por el puente que conecta los palacios de gobierno, el estatal y el municipal.

Es, creo, una buena señal de parte del alcalde electo que anticipa así la voluntad de no apostarle a la confrontación sino al ejercicio de la política entendida ésta como la vía para alcanzar acuerdos, independientemente del origen partidista de los titulares del poder ejecutivo estatal y municipal.

Desde que Guatimoc Yberri entró en contradicciones con Manlio Fabio Beltrones en el trienio 1991-94, la historia de la relación entre los ocupantes de ambos palacios, aun siendo del mismo partido político está llena de episodios ríspidos en los que usualmente quien ha salido más raspado es quien ocupa la alcaldía.

Una alcaldía que por cierto, tiene fama de ser una trituradora de aspiraciones políticas, y si no solo hay que pasar revista sobre el destino que tuvieron los y las presidentes municipales de la capital de ese entonces a la fecha.

Por ahí desfilaron después de ‘El Guaty’, Gastón González Guerra, Jorge Valencia Juillerat, Pancho Búrquez, Dolores del Río, Ernesto Gándara, Javier Gándara, Alejandro López Caballero, Manuel Ignacio Acosta y Célida López Cárdenas.

Varios de ellos aspiraron -y algunos lo intentaron- pasarse al palacio de enseguida, pero se quedaron en el intento. No todos se pelearon con el gobernador (o gobernadora) en turno, pero a quienes lo hicieron les fue peor.

Toño Astiazarán no es un novato en estos menesteres: ya fue diputado local, federal y alcalde de Guaymas; ocupó diversos puestos públicos y ha desarrollado un retorcido colmillo político, que le permite hacer sus propias lecturas del momento que le ha tocado vivir.

No hay que sorprenderse entonces, si el guaymense envía esta clase de señales, sobre todo porque si en algún momento se vislumbraba una transición accidentada tanto en lo municipal como en lo estatal, las señales que se han enviado hasta ahora apuntan a procesos de entrega-recepción más bien tersos.

De hecho ayer se reunieron los alcaldes, el interino y el electo, para encabezar la reunión de la Comisión Mixta de Entrega-Recepción teniendo como tema central de ese encuentro el relativo a la seguridad pública.

Tanto Fermín González como Antonio Astiazarán estuvieron acompañados de sus principales colaboradores y el reporte indica que todo transcurrió en un clima de cordialidad.

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El Zancudo

EL ZANCUDO: ‘GANÓ’ EL NO… ¡A LA CONSULTA!

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Ya vendrán las explicaciones, justificaciones y reparto de culpas, pero de entrada, no hay manera de considerar un éxito la consulta de ayer: la abrumadora mayoría de los ciudadanos le dieron la espalda y decidieron no salir a las urnas.

Menos del 10 por ciento del padrón movilizado para el primer ejercicio de la llamada democracia plebiscitaria es suficiente para considerarlo un fracaso, pese a que la consigna era bastante atractiva: llevar a juicio a los ex presidentes, aunque en sentido estricto no se trataba de eso, sino de responder a una pregunta bastante laxa, por no decir confusa y al final, poco convincente, como se reflejó en las urnas.

Nadie esperaba, ni los propios promotores oficiosos de la consulta (además del INE como promotor oficial), una participación siquiera cercana a los 37 millones requeridos para que la misma tuviera un carácter vinculatorio, pero tampoco esperaban que se quedaran tan lejos. Hicieron falta 30 millones de votos para llegar a esa cifra.

Culpar al INE por la bajísima participación ciudadana es apenas un recurso para la auto exoneración en un proceso que no concitó mayor interés que el del llamado voto duro del lópezobradorismo, lo que debió encender focos rojos en su tablero porque no llegó a siete millones.

Culpar al ‘PRIAN’, a la derecha, a los conservadores o como quiera que se aluda desde Palacio Nacional a la oposición, es peor, porque sería otorgarle el reconocimiento como ‘oposición moralmente victoriosa’, ya que sus llamados a no participar en la consulta habrían sido más poderosos que los del partido del presidente y los del propio presidente, que por cierto no votó, ya que se encontraba de gira por Nayarit y no hubo casillas especiales para esta consulta.

Planteado como un ejercicio de democracia participativa, la consulta se redujo a prácticamente un evento interno del partido en el gobierno que movilizó a su militancia, a simpatizantes y a una muy reducida parte de los beneficiarios de programas sociales.

En el caso de Sonora, por ejemplo, de una lista nominal de dos millones 196 mil 722 electores, votaron solo 27 mil 362. Apenas el 1.2 por ciento. ¿Dónde quedaron los más de 400 mil votantes que hace dos meses salieron a votar por Morena, principal promotor de la consulta? Misterio.

Estamos claros que el interés de una elección constitucional es distinta a la de una consulta popular, pero aun así la diferencia es abismal.

Por otro lado, el hecho de que prácticamente el 100 por ciento de los participantes votaran por el ‘sí’ era previsible, pues la consulta estaba diseñada para eso, con todo y el barroquismo de la redacción en la pregunta, pero tal cosa se vuelve irrelevante frente al monumental desprecio que recibió la consulta.

Quejarse por la falta de difusión es también el auto reconocimiento de que esta vez Morena, sus dirigentes, funcionarios públicos; sus simpatizantes entre los que se cuentan artistas, creadores, intelectuales, académicos y diversos liderazgos fracasaron como promotores del voto.

Durante más de un mes, incluso antes de los tiempos oficiales para la difusión de la consulta y durante el mismo día del ejercicio, ocuparon sus espacios en redes sociales, medios tradicionales y cualquier otra forma de propaganda para convocar a los ciudadanos a expresarse. Pero no tuvieron eco. O al menos, no el que hubieran deseado.

A media mañana, quien esto escribe recorrió cuatro centros de votación en el norte de la ciudad. Estaban desolados. En las urnas, las boletas no llegaban a diez y en algunos casos no contenían una sola. Llamó la atención que quienes concurrieron a votar, en su mayoría fueron personas de la tercera edad, beneficiarios de los apoyos a adultos mayores.

Pero ¿dónde quedó el resto de beneficiarios de otros programas, como el de Jóvenes construyendo el futuro (mejor conocidos como ‘ninis’), mujeres y demás?

Pues en sus casas. Simplemente no les sedujo la idea de ir a votar y eso es una mala señal para Morena y sus gobiernos.

También puede decirse, no sin razón, que es una mala señal para la democracia y la participación ciudadana, pues más del 90 por ciento de los electores empadronados despreciaron la consulta, por las razones que la democrática lectora, el vacacionista lector guste y mande.

¡Más del 90 por ciento!
Incluso descontando a la mitad del padrón que usualmente no acude a las urnas, y a los que omitieron hacerlo esta vez como un posicionamiento político en contra de lo que consideraron una farsa, una capricho presidencial, una pérdida de tiempo, una payasada o cualquier otro argumento de los que nos hemos enterado en estos días, queda un universo bastante considerable de votantes que se supone acudirían a respaldar la iniciativa presidencial y no lo hicieron.

La referencia son los 16 millones que en junio pasado votaron por Morena, pero ayer nueve de millones de ellos despreciaron la consulta.

Esto no será del agrado del jefe de la Nación y líder nato del partido en el gobierno, sobre todo porque de alguna manera este ejercicio era una especie de revisión de sus clientelas electorales y una medición de su convocatoria rumbo a lo que viene el año entrante: el referéndum para la revocación de mandato.

El abstencionismo superior al 90 por ciento registrado en esta consulta es, sin duda, un misil directo al presidencial ego, que seguramente desatará reacciones. Eso lo veremos a partir de hoy lunes, cuando previsiblemente, el señor presidente no amanezca con el mejor humor.

Por último: para que la consulta fuera vinculante, se requerían unos 37 millones de votos, cifra que ni el presidente mismo esperaba alcanzar. De hecho, ese es uno de los motivos por los cuales mucha gente despreció el ejercicio.

Más allá del lugar común de que ‘la ley no se consulta’, el abstencionismo de ayer tuvo que ver con la negativa a validar un ejercicio que, aunque parezca un contrasentido a su presunto objetivo (enjuiciar a los corruptos del pasado) en realidad aparecía como la oportunidad para que el presidente tomara distancia de esa tarea y se lavara las manos amparado en su máxima de que ‘el pueblo manda’. Y como el pueblo despreció la consulta, pues ya no habrá tal enjuiciamiento. De hecho, López Obrador había adelantado que votaría por el ‘NO’ al juicio contra sus antecesores.

Genial ¿no?

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