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Editorial

APLAUSOS POR HÉCTOR CAÑEZ

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APLAUSOS POR HÉCTOR CAÑEZ
Bulmaro Pacheco

Lo que más registraba—y disfrutaba en silencio— Héctor Cañez, era la envidia de una parte de nuestra generación siempre por los maestros que tuvo en la Facultad de Derecho de la UNAM en la que cursó la licenciatura a principios de los cincuenta del siglo pasado.

Y no era para menos.

Haber recibido la clase de Teoría del Estado con don Jesús Reyes Heroles, Derecho del trabajo con Mario de la Cueva, filosofía del derecho con Luis Recaséns Siches y algunas materias con Antonio Martínez Báez entre otros célebres de la época, era para causarle envidia de la buena a cualquier aficionado al derecho.

Maestros todos, ilustres de gran prestigio, amenos y eruditos con obra escrita, con legiones de seguidores en el mundo académico y trascendentes para la vida pública de México.Todo un lujo.

Conocí personalmente a Cañez, en 1974 cuando se desempeñaba como secretario particular de Gilberto Ruiz Almada, a la sazón, subsecretario de Hacienda del gobierno de Luis Echeverría. Cañez, siempre dispuesto a recibir y apoyar a quien se le acercara, lo mismo para darle razón de su tierra, como para expedir infinidad de cartas de recomendación y para apoyos diversos que le solicitaban, principalmente una legión de estudiantes necesitados, que por las tardes y hasta muy noche, hacían cola en su antesala.

A todos atendía amablemente y para todos tenía algo, aún al costo de retirarse de sus oficinas pasada la medianoche.
Como residente original junto son sus padres de la Colonia Irrigación desde 1947, era un apasionado de su pueblo—después—, Villa Juárez.

Ya en ese año (1974), y de buenas a primeras nos encargó tanto a su paisano Villajuarense Mario Holguín—que me lo había presentado—, como a mi, una opinión -estudio sobre la viabilidad de la comisaría de Villa Juárez para dar el brinco a municipio y dejar de depender de Etchojoa, una causa que nunca dejó de lado, que empujó con una mayor fuerza cuando fue diputado local entre 1991 y 1994, y un sueño que se le haría realidad años después, cuando su paisano gobernador Beltrones, con su ayuda impulsara la creación del municipio número 71, Benito Juárez.
Cañez terminó el sexenio de Luis Echeverría y se retiró a hacer política a su Estado. Consiguió la delegación del Registro Federal de Vehículos en Sonora, y ahí permaneció haciendo política, haciendo amigos y trabajando para el partido. Logró lo postularan primer regidor en el gobierno municipal de Alicia Arellano (1979-1982) en la capital Hermosillo y ahí brilló con un gran desempeño, muy leal con Doña Alicia y siempre ligado a la gente necesitada de las colonias populares.

A finales de 1983 manifestó su aspiración de convertirse en presidente municipal de Hermosillo, y en poco tiempo logró importantes apoyos.

Quería rescatar la capital del estado para el PRI, que entonces era gobernada por Casimiro Navarro del PAN.

Así mandó la señal, pero en el palacio de gobierno de entonces no simpatizaron con su idea.

No se arredró Cañez y empezó a moverse por su cuenta, y en muy poco tiempo logró reunir importantes apoyos sociales, incluida la simpatía de su compañero de generación Gustavo Carvajal entre otros.
El proyecto de Cañez causó preocupación por lo complicado de la elección de 1985 y en una fría noche de diciembre de 1984 al calor de las brasas, el bacanora, las tortillas tostadas y el café caliente, en una vieja casona a la orillas del desbordado río Mátape, acompañado de Miguel Angel Murillo, Pancho Aldana, Gustavo Moreno y el que esto escribe, mandó la señal—a los dirigentes del PRI de entonces—, de que: “El rechazaría cualquier otra oferta (diputación local o federal) que no fuera la presidencia municipal y que de ser necesario, optaría por la candidatura independiente, aún cuando en aquella época no existiera la figura”.

Por fortuna, la sangre no llegó al río y Cañez se mantuvo fiel a su partido.

con discreción y gallardía —político profesional al fin—el equivocado debate que tanto dividiera al PRI por años, ese de la exclusión generacional que solo sirvió para dar paso a una generación de aventureros de la política que siempre vieron la disciplina como un negocio. “Por eso no duran”, decía, “por eso llegan y se van” y siempre somos los más firmes los que nos quedamos. Tenía razón. H

un militante de más de 60 años en el PRI, donde también fue secretario general y presidente del CDE.

Sería después y por poco tiempo delegado de la Secretaría del Trabajo, y participaría en la interna del PRI del 2002 como aspirante a la candidatura a gobernador junto a Eduardo Bours, Alfonso Molina y Guillermo Hopkins. Célebre y recordada aquella expresión de su coordinador de prensa, Angel Acedo, cuando a la salida de Nogales de uno de los debates entre los precandidatos le dijo: “Héctor; ¿Y si ganamos? ¿Que vamos a hacer? ¡Pues ganar la que sigue, baboso! Para eso estamos aquí, ¿Que no? Y todos rieron. Así era Cañez, siempre con un gran sentido del humor.

Como un militante leal al PRI y ubicado a la izquierda, en la línea socialdemócrata, nunca renegó del PRI aunque solo haya sido regidor y diputado local. Era un activo militante, un servidor de tiempo completo (hasta el final) de las causas populares de la gente y un certero crítico de las decisiones cupulares como aquélla de 1999 cuando manifestó abiertamente su rechazo a la burda imposición de un empresario de corte reaccionario, totalmente ajeno al PRI, como secretario Técnico del Consejo Político Estatal. ¿Que error!; Así como vamos; ¡no te extrañe que perdamos en el 2000! me dijo, y acertó.

Héctor hubiera cumplido 85 años el próximo 17 de enero. Apenas el 21 de mayo pasado, en el salón Colosio del PRI donde nos encontramos, hacíamos planes para que en una próxima conferencia, nos hablara de su vida y de sus andanzas por la política y el servicio público, tema de suyo aleccionador por lo que Cañez representaba para las nuevas generaciones.

Ya no pudo. Perdió la batalla contra la enfermedad en la madrugada de hoy, en un hospital de la capital acompañado de sus familiares más cercanos. Descanse en paz un buen hombre, un buen político que con su vida, supo acreditar la congruencia y la honestidad como valores supremos de su actuación. Pocos de esa estatura.Pocos de esa hechura. Lo vamos a extrañar.

Descanse en Paz. Nuestro Pésame a sus familiares y a la legión de amigos que deja Héctor en Sonora y fuera del Estado.
bulmarop@gmail.com

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Editorial

EL MELINDROSO

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• El Fondo Minero
• Solo se ha ganado una batalla
• “A mano alzada” debe reconocer que se equivocó con los temas FM y Guarderías

Álamos, Son (15/7/2019 EM).- Estimados lectores de esta intermitente columna, muy al sordón hice una promesa de no aparecer hasta que Tláloc se manifestará en nuestro pueblo y para envidia de la mayoría de los municipios, nos ha estado respondiendo con la “bendita lluvia”.

En los últimos días el tema del Fondo Minero que litigan algunos municipios en la Suprema Corte ha sido tema en los diferentes medios por lo que representa, sobre todo para el municipio de Álamos que dicho sea de paso fue el único “valiente” de nuestro estado de “alzar la mano”.

Presentar una controversia vs el Presidente de la Republica no es cualquier cosa, por algo ni uno solo en Sonora lo hizo, sabrá Dios que les pasó por la cabeza al dejar que el termino les corriera.

Les tratare de explicar (a mi corto entender) que es lo que se busca; El fondo minero fue creado (y así está en la ley) para con un porcentaje de la producción de las minas se aplique a INFRAESTRUCTURA mediante unos lineamientos de operación muy claros en la ley.

Que existe la corrupción en la aplicación, no lo dudamos, la seguimos viendo en todos lados por algo renuncian tantos Secretarios de Estado que creyeron en la “honestidad” y se “les cansó el Ganso”, pero en Álamos el alcalde lo dijo “los reto a que verifiquen su aplicación” y se lo dijo a Gricelda Soto que tuvo la ocurrencia de decir en los medios “que en Álamos existía corrupción en su aplicación que a ella le constaba”, que porque es de acá, y que por eso se había amparado para seguir robando, usó el término Amparado que aunque no es del todo incorrecto, si una legisladora debe tener el conocimiento de precisar que se trata de una controversia constitucional, distinto del recurso de Amparo que es más personal.

Que es lo que busca nuestro “cabecita de algodón”; muy sencillo; que dicho recurso que ronda en Sonora en los 400 millones de pesos y en Álamos alrededor de 40 millones no se apliquen en infraestructura; que el con su poder pueda destinar de ese dinero y repartirlo a su discreción, que entregue becas, apoyos financieros a familias en forma directa y le moche una parte para su eterna campaña como ha estado sucediendo con otros recortes que ha hecho.

En Álamos desde la creación del fondo minero se han realizado un sin fin de obras que está a la vista, recordemos que se instauró en el 2014 Con la reforma a la Ley Federal de Derechos en sus Artículos 271 y 275, se constituye el Fondo para el Desarrollo Regional Sustentable, con el 80% de la recaudación del pago de los Derechos, para la realización de obra de infraestructura social.

Desde el 2015 se aplica (lo correspondiente al 2014) por que va un año atrasado, en síntesis; cuando el Presidente López Obrador se enteró que algunos municipios habían interpuesto una controversia constitucional, procedió a interponer un recurso basado en su discrecionalidad para que entre tanto se resuelva pueda el disponer a su antojo de ese recurso.

La Suprema Corte según información que circula le dio el primer “palo” al Presidente y determino infundado su recurso y por vías de mientras el recurso 2019 se tendrá que aplicar con las mismas reglas lo que lleva el beneficio de entrada de obras para Álamos en el 2020, porque recordemos que va un año atrasado y en este 2019 ya se han iniciado obras con aportación de ese fondo correspondiente al 2018.

Solo se ha ganado una batalla no la guerra total, aunque la cosa pinta muy favorable en el litigio tanto para la controversia constitucional del Fondo Minero como con los amparos presentados por las guarderías que al quedar firmes 5 en el mismo sentido, se creará jurisprudencia y el dinero regresara a todas las guarderías de la nación, se hayan o no amparado; seguramente eso pasará.

Solo queda aquel dicho que aún taladra en nuestros oídos “Al diablo con las instituciones”; y que se quiera pasar por el arco del triunfo la resolución de la Suprema Corte y pretenda justificar con una consulta a mano alzada; aunque en este par de temas tan sensibles creo que los que alzaran la mano solo será para mostrarle el dedo de en medio.

En esta batalla todo puede pasar y ya han intentado desconocer documentos, personalidades, y más pero aún y los desplante y sus intenciones México es grande y se hará justica al final del día.

Para concluir; por tratarse de controversia constitucional con un municipio que obtenga sentencia a favor se benefician todos en el país, es más loable lo hecho por Álamos, un municipio con muy poco de recursos que ingresan del Estado y la Federación, que recuda por predial muy poco, al existir un gran rezago en terrenos que no pertenecen al Fundo Legal, donde la iniciativa privada no termina de darse cuenta que lo es, donde generar empleo es doblemente complicado, pero que afortunadamente se han abierto instituciones educativas y han estado creciendo; porque es innegable que los malos hábitos, la corrupción y hasta los malos pensamientos nos llegan por falta de educación.

Nos leemos pronto.

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Editorial

DE RENUNCIAS Y ARGUMENTOS

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Bulmaro Pacheco

En la historia reciente de México, las renuncias de secretarios de Hacienda son recordadas por su estridencia e impactos. Influyen en el manejo de las finanzas públicas y en los principales indicadores de la economía mexicana, también en la política, y ahora en la economía global, impactan en los mercados de capitales y de inversión tanto nacionales como internacionales.

Recordada aquella renuncia de Adolfo De la Huerta Marcor como secretario de Hacienda, en el gabinete del presidente Álvaro Obregón. Diferencias de enfoque en el manejo de las finanzas públicas con el presidente, pero más que eso, la decisión de De La Huerta de separarse del cargo para aspirar a la Presidencia de la República para el período 1924-1928, confrontando a Obregón y a su candidato, Plutarco Elías Calles, con el agregado de la rebelión de una parte del ejército y el posterior asesinato de Francisco Villa en julio de 1923.

Otra de las renuncias más recordadas en la administración pública fue aquella del secretario de Hacienda del gobierno de Luis Echeverría, Hugo Borman Margáin Gleason, que renunció en 1973.

Margáin —informaron que accidentalmente se había caído de un caballo— fue sustituido por el director de la CFE José López Portillo, quien sería después candidato y presidente de la República para el período 1976-1982.

M renunció consciente de que “La deuda externa y la deuda interna tienen un límite, y ya hemos llegado al límite”, dijo y esa fue la verdadera razón; mucho gasto, poco ingreso, elemental.

El presidente Echeverría —que en enero próximo cumplirá 98 años—afirmaría después al respecto: “Más allá de cualquier especulación, no se les olvide que las finanzas nacionales se manejan desde Los Pinos”. Cruda realidad.

Margáin había sustituido a Antonio Ortiz Mena, secretario de Hacienda de 1958 hasta 1970. Ortiz Mena después fue nombrado director del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y ocuparía las embajadas en Inglaterra (1973-1976), en los Estados Unidos (1976-1982) posteriormente senador de la República por el Distrito Federal (1982-1988).

Entre 1954 y 1976 el peso mantuvo su paridad de 12.50 respecto al dólar. La primera devaluación en 22 años vendría en agosto de 1976.

Con el presidente José López Portillo, el manejo de la política financiera se dividió en dos: se creó en ese sexenio la Secretaría de Programación y Presupuesto, que manejaría los egresos; quedando los ingresos y la política económica internacional en Hacienda. La primera la ocupó Carlos Tello Macías, ex subsecretario de Hacienda con el presidente Echeverría, y en Hacienda quedó Julio Rodolfo Moctezuma Cid.

No completaron el primer año en sus cargos. Renunciaron en noviembre de 1977 por graves diferencias de opinión y enfoque, entre otros, en la elaboración del presupuesto de egresos de 1978.
El presidente López Portillo dijo de la renuncia de ambos: “Ayer acepté la renuncia de Carlos Tello y provoqué la de Julio Rodolfo Moctezuma: los substituyen, respectivamente Ricardo García Sáinz y David Ibarra, en la SPP y en la SHCP. Es la decisión más amarga y dolorosa que he tomado en el régimen. Se trata de dos de mis mejores amigos; de viejos colaboradores que tenían toda mi confianza y a los que entregué las dos puntas del eje de la reforma administrativa que ahora está en un tremendo entredicho”. Y continúa: “No hay más camino, en estos momentos que permanecer dentro del sistema financiero y desde adentro seguir pugnando por el nuevo orden económico […] Se pertenece o se deja de pertenecer ahora al sistema financiero y monetario en el que estamos insertos, que es el que nos permite la normalidad injusta (bien es cierto y por ello luchamos) del comercio y el financiamiento y por ende, la posición monetaria” […] La posición de Carlos, como la de Moctezuma, eran sinceras, ambos patriotas, se acusaban de no serlo”.

El sexenio Lopezportillista concluyó en una de las peores crisis económicas que se recuerden y con un grave enfrentamiento con el sector privado, por la política de expropiación de los bancos.

Vendría después la renuncia de Jesús Silva Herzog, secretario de Hacienda en el gobierno de Miguel de La Madrid en junio de 1986.

Miguel de La Madrid dice en sus memorias: “Uno de los errores de Silva Herzog era que en las reuniones de gabinete económico se quedaba callado. Prácticamente no participaba, haciendo sentir su malestar por tener que asistir y su desdén por personas a quienes él consideraba sus inferiores y ante quienes no tenía por qué informar sobre el proceso de renegociación de la deuda externa […] La verdad es que a mí tampoco me tenía bien informado […] El episodio me resultó doloroso, porque Silva Herzog fue mi amigo por muchos años; hicimos una vida juntos como funcionarios públicos. Pero en estos momentos yo no puedo tener consideraciones de naturaleza personal, porque creo que él no las tuvo cuando actuó; porque no estamos hablando de dos amigos, sino del presidente de la República y el secretario de Hacienda […] Mi obligación es actuar como jefe de Estado, independientemente de mis sentimientos personales. Además, la actitud de Silva Herzog logró irritarme profundamente […] Cuando reflexiono sobre este asunto, pienso que perdí un tiempo del que no disponíamos, al aguantar durante varios meses el malestar de ser informado de manera demasiado parca de lo que estaba ocurriendo en las negociaciones externas, y al tardarme tanto en darme cuenta de que Silva Herzog no lograba hacer ver a nuestros acreedores los enormes esfuerzos realizados por el gobierno y el pueblo de México por ajustar su economía”.

La siguiente renuncia de trascendencia fue 8 años después, la de Jaime Serra Puche, secretario de Hacienda en el gabinete del presidente Ernesto Zedillo. Fue un 29 de diciembre, después de aquella decisión de devaluar el día 19 en aquel “error de diciembre”, que tanta inestabilidad económica y social provocara en México y que junto con los problemas políticos de la época influyeran para que la economía mexicana cayera en un 7 % del PIB durante 1995.

¿Por qué no se devaluó antes de finalizar el sexenio del presidente Salinas, que era lo que recomendaban los principales analistas? ¿Por qué se le dejaron los costos políticos a la administración federal que iniciaba el 1 de diciembre de 1994? ¿Quién pagó finalmente los costos políticos, económicos y sociales de una decisión tardía?
A Serra Puche —irónicamente el principal negociador del TLCAN en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari— lo sustituyó Guillermo Ortiz Martínez, quien terminó el sexenio.

Recientemente ha renunciado el secretario de Hacienda del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, Carlos Urzúa. En mayo había renunciado también el director del IMSS Germán Martínez Cázares.

A diferencia de otros tiempos, Urzúa y Martínez distribuyeron en redes sociales, en sendas cartas, los motivos que los llevaron a tomar la decisión de renunciar a sus cargos. Ahí señalan diferencias, deficiencias, problemas internos y limitaciones de aterrizaje administrativo que no les permitió desarrollar sus actividades a plenitud ni en el sentido correcto.

Martínez se quejó de la intromisión de Hacienda en el manejo del IMSS, tanto en los aspectos presupuestales como en la designación de funcionarios, atribución que le correspondía al órgano técnico del IMSS y no a la dependencia que maneja los dineros de la nación.

Urzúa manifestó que no se podía cumplir con decisiones de políticas públicas sin el debido soporte presupuestal y se quejó de intromisión de miembros del gobierno, para el nombramiento de funcionarios del área hacendaria sin los perfiles necesarios para los cargos.
El jefe de ambos, el presidente de la República, ni siquiera aludió a los motivos —y críticas— que los denunciantes expusieron. A Martínez le deseó suerte en sus responsabilidades como legislador y de Urzúa destacó las diferencias con él y con otros funcionarios, tanto en el manejo de las políticas como en la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo, del que dijo “Parecía que lo habían elaborado Agustín Carstens o José Antonio Meade”. Cero autocrítica, cero reconocimiento de los problemas que expusieron, y cero lamentaciones de la salida de colaboradores de los que presuntamente ya conocía en sus capacidades, virtudes y defectos desde antes de nombrarlos.

Nada para presumir y sí para preocuparse, las numerosas renuncias de funcionarios importantes del gobierno a menos de un año en el Poder. Inestabilidad administrativa y falta de rumbo político parece ser la constante de un gobierno que todavía no alcanza a definir con claridad lo que quiere… Y menos parece saber “los cómo” y “con quiénes”, instrumentar sus principales acciones políticas que hasta ahora solo han demostrado prisas e improvisaciones sumamente costosas.
Las numerosas renuncias, la desconfianza de los inversionistas, la fragmentación política, la crisis en la política exterior, la falta de crecimiento de la economía, y la anunciada recesión técnica, poco a poco van demostrando, más allá de los opositores señalados y los críticos a cada rato fustigados por quienes creen que por el hecho de solo haber ganado una elección ya ganaron en la historia.

bulmarop@gmail.com

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Editorial

EL ESTILO PERSONAL DE GOBERNAR

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EL ESTILO PERSONAL DE GOBERNAR
Bulmaro Pacheco

Las tensiones entre un presidente y un expresidente de México no son nuevas en el sistema político mexicano. Hasta ahora, la más famosa de todas fue el enfrentamiento entre Lázaro Cárdenas (1934-1940) y Plutarco Elías Calles (1924-1928). El llamado Maximato, que derivó en la expulsión del país de Calles en abril de 1936 y que le costó largos años de exilio.
Se trató de una relación política personal, no superada ni con la muerte de ambos personajes el mismo día (19 de octubre) pero con una diferencia de 25 años. Y a los que por cierto —por esas diferencias— se les tiene que homenajear donde reposan sus restos, en el monumento a la Revolución, el mismo día… pero a diferente hora.
¿Qué quedó de esa tensión? El fortalecimiento del presidencialismo ejercido por Cárdenas, y continuado por sus sucesores.
Manuel Ávila Camacho fue sumamente respetuoso con su antecesor Cárdenas, pero eso no evitó que se echara abajo la reforma del artículo 3º constitucional que establecía “la educación socialista”, implantada en la Constitución en el sexenio del michoacano por influencias, entre otros, de Narciso Bassols.
Miguel Alemán sorteó con habilidad la animadversión que Maximino Ávila Camacho (gobernador de Puebla y secretario de Comunicaciones en el gabinete de su hermano) tenía contra él, ya que Maximino se sentía con merecimientos para heredar la Presidencia, y siempre sintió que Alemán, el secretario de Gobernación, le estorbaba. Maximino murió en condiciones misteriosas en febrero de 1945; se dice que fue envenenado.
Ya sin las presiones y los ataques de Maximino, la relación entre Alemán y Ávila Camacho fue estable y sin mayores incidentes.
Adolfo Ruiz Cortines realizó severas críticas a la corrupción del sexenio alemanista desde el discurso inaugural de su presidencia. Las cosas no pasaron a mayores, en un sexenio caracterizado por la austeridad y el buen estilo de gobierno de uno de los presidentes de México mejor recordados por su sencillez y honradez personal.
Adolfo López Mateos fue discreto en su trato con su antecesor. Por la revolución cubana y la organización de las izquierdas, siempre le preocupó más el ex presidente Cárdenas.
Gustavo Díaz Ordaz tuvo siempre consideraciones para “su mejor amigo” López Mateos, que enfermó de gravedad a la mitad de su sexenio y murió en septiembre de 1969.
Hubo un tiempo en que los ex presidentes de México tenían cargos públicos y los desempeñaban: Alemán en el Consejo Nacional de Turismo; Cárdenas en la Comisión del Tepalcatepec; López Mateos en el Comité Olímpico Mexicano; el mismo Díaz Ordaz (en el sexenio de José López Portillo) por muy poco tiempo como embajador en España; y Luis Echeverría en la UNESCO y las islas Fidji; Miguel de la Madrid, en el sexenio de Ernesto Zedillo, ocuparía la dirección del Fondo de Cultura Económica.
No hubo una buena relación entre Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría. El poblano no fue bien tratado como expresidente y permaneció discretamente retirado de la política en Ajijic, Jalisco.
Entre Luis Echeverría y José López Portillo tampoco hubo una buena relación. Fueron encarcelados varios ex secretarios de Estado (Comunicaciones y Reforma Agraria), y hechos a un lado personajes del primer círculo del ex presidente (Muñoz Ledo, Gómez Villanueva, Cervantes de Río, etcétera).
Tampoco entre Miguel de la Madrid y José López Portillo se dio una relación cordial. Los integrantes del gabinete del primero provenían principalmente de las áreas financieras del gobierno. Fueron encarcelados varios ex funcionarios del gabinete lopezportillista, entre los que destacaron el ex director de Pemex, Jorge Díaz Serrano, y el de Banrural, Everardo Espino.
Muchos de los personajes que acompañaron al presidente Carlos Salinas de Gortari venían del equipo de de la Madrid. La relación entre ambos fue siempre estable y de respeto. La crisis vino después.
Los conflictos políticos y económicos de 1994 replantearon todos los esquemas de gobierno e introdujeron ingredientes de una crisis de amplio alcance en el gobierno del PRI, que perdió el poder en el 2000.
“Heredamos problemas, no una crisis” decía el ex presidente Salinas en relación a su responsabilidad en la crisis económica del llamado “error de diciembre” de 1994, que provocó en la economía y la política mexicana la más grave crisis de la que se tenga memoria en los últimos años.
¿Por qué no se devaluó antes de diciembre si ya había condiciones? ¿Quiénes se opusieron? ¿Por qué se prefirió devaluar el peso en los primeros días de un nuevo sexenio, marcándolo para el resto del período con graves consecuencias? Preguntas sin respuesta hasta ahora que solo pudieran responder Salinas y Zedillo… ¿o Pedro Aspe?
Como consecuencia de la gravedad de la crisis política y económica, las relaciones entre Carlos Salinas y Ernesto Zedillo se enrarecieron. El encarcelamiento de Raúl Salinas y la huelga de hambre del expresidente marcaron de origen una mala relación
Entre Vicente Fox y Ernesto Zedillo no hubo tensiones. El expresidente Zedillo no permaneció en México después de su gobierno y se ha desempeñado en diversos trabajos en el extranjero. Hasta hoy, no se le conoce publicación personal o declaración alguna sobre su sexenio.
Fox, como el primer presidente de la alternancia, cuando mucho y más como un enfoque político, se dedicó a descalificar los años de gobierno del PRI, hablando de los “70 años perdidos”. No tardaría en enfrentar sus propias crisis, aun cuando a cada rato presumía de que él no iba a tener crisis de finales de sexenio. Quiso imponer sucesor (o sucesora) y le estalló la crisis en su propio partido y con los propios militantes de Acción Nacional.
Por lo cerrado de los resultados electorales para presidente en 2006, Fox heredó un conflicto post electoral de grandes dimensiones y su sucesor Felipe Calderón no tardó en deslindarse.
Calderón también buscó imponer a su propio sucesor y falló. Le ganaron los militantes del PAN que empujaron por el lado de Josefina Vásquez Mota, y el PAN duró apenas dos sexenios en el gobierno. Le entregó el Poder de nuevo al PRI, y la relación entre Enrique Peña Nieto y Calderón fue normal y no presentó mayores alteraciones.
Las relaciones entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador seguramente habrán de tensarse por las investigaciones sobre casos de corrupción documentada del anterior sexenio, como las relacionadas con el ex director de Pemex Emilio Lozoya, muy cercano al expresidente. Las cosas no pararán ahí.
El gobierno de López Obrador publicitó en exceso el retiro de las pensiones a los ex presidentes. El único que protestó fue Vicente Fox. Los demás lo ignoraron. Además, no todos los ex presidentes tenían pensión
Irónicamente, López Obrador hasta ahora ha tenido que enfrentar las mayores críticas de sus antecesores panistas Vicente Fox y Felipe Calderón. Con el primero existe el antecedente del proyecto de desafuero en 2005, que buscó sacarlo de la jugada en la sucesión presidencial.
Con Calderón, el antecedente del conflicto postelectoral del 2006, por lo cerrado de la votación. Esas actitudes van para largo y no se ve que pudieran atenuarse: En ninguna de las partes parece advertirse disposición al diálogo. Al contrario, cada vez son más radicales las posturas de ambas partes.
Esos han sido los estilos de gobierno de los últimos presidentes de México. Su tiempo, sus problemas, sus crisis, sus errores, aciertos y circunstancias. Todos sin excepción enfrentaron al llamado “México bronco” y las resistencias, ataques y embate de las fuerzas opuestas al orden y a las reformas. Unos más, unos menos, cada uno de ellos supo manejarse ante los desafíos y enfrentar las resistencias y solo a Fox y López Obrador se les ocurrió culpar al pasado.
¿Podríamos entenderlo de otra manera tomando en consideración la edad en la que terminaron sus períodos de gobierno? Quizá sí.
Cárdenas salió de la Presidencia a los 45 años y siguió activo; Ávila Camacho a los 49 y celebró el último acto de unidad entre expresidentes; Miguel Alemán a los 52 y siguió activo; Adolfo Ruiz Cortines a los 68 y se retiró a la vida privada; López Mateos a los 55 y siguió activo; Díaz Ordaz a los 59; Echeverría a los 54; José López Portillo a los 62; Miguel de la Madrid a los 53; Carlos Salinas a los 46; Ernesto Zedillo a los 48; Vicente Fox a los 64; Felipe Calderón a los 50; Enrique Peña Nieto a los 52; y López Obrador tendrá 71 cuando termine en 2024, 3 años más que su antecesor más longevo (Adolfo Ruiz Cortines).
“Estilo personal de gobernar” se llamó el libro de Don Daniel Cosío Villegas en referencia a la forma de gobernar del presidente Luis Echeverría: “Independientemente de todo, una persona llamativa, o sea, que llama la atención de cualquier observador”. Y sintetiza su experiencia, así como su conocimiento y trato a presidentes de México de Porfirio Díaz a Echeverría —unos de lejos, otros más cerca—: “La verdad es que pocas veces he visto un retrato tan elocuente de un gobernante mexicano: basan sus juicios acerca de estos problemas en experiencias personales y abrigan una desconfianza, cuando no un desprecio verdadero, de cuanto significa levantarse por encima de ellas para llegar a una generalización que se basa en los hechos comprobables”. Hay que leerlo.
bulmarop@gmail.com

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