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Editorial

MÉXICO 1913-1994:10 MUERTES POLÉMICAS

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Bulmaro Pacheco

Dice el historiador Stanley R. Ross, que fue el propio Victoriano Huerta quien seleccionó a Francisco Cárdenas y Rafael Pimienta para conducir a los prisioneros Francisco I. Madero y José María Pino Suárez del Palacio Nacional a la cárcel de Lecumberri.

Ya en la noche del 22 de febrero de 1913: “Veinte minutos después de haberse acostado los prisioneros, el coronel Joaquín Chicharro entró al cuarto seguido por el mayor Cárdenas. Se ordenó a los prisioneros levantarse y Ángeles (Felipe) preguntó que pasaba… Chicharro le dijo que Madero y Pino Suárez serían conducidos a la penitenciaría… Madero fue llevado a un automóvil cerrado, mientras que a Pino Suárez le dijeron que subiera a un coche Peerless que estaba estacionado cerca”.
“Cada coche tenía un chofer y había un ayudante en el asiento delantero del Peerless. Cárdenas y otro oficial custodiaban a Madero mientras que Pimienta con otro asistente a Pino Suárez”. Al llegar a la prisión de Lecumberri “se ordenó a los prisioneros salir de los carros y fueron muertos por la escolta. Cárdenas fue acusado de ser el principal responsable de la muerte de Madero, y Pimienta de Pino Suárez… La escolta acribilló los carros a balazos como prueba de un ataque (sic)… La autopsia reveló que Madero había muerto a causa de dos tiros que le horadaron la cabeza, y Pino Suárez de tres heridas en la cabeza y de cinco balazos en el cuerpo”.

Cárdenas se suicidó en Guatemala en noviembre de 1920. Pimienta fue muerto en 1923 cuando había secundado la rebelión delahuertista.

Emiliano Zapata fue invitado a comer a la hacienda de Chinameca en el estado de Morelos, el 10 de abril de 1919, por el coronel Jesús Guajardo Martínez, de las gentes de Pablo González, a la sazón comisionado por Carranza para la pacificación del estado de Morelos. Zapata cayó en la trampa de quien fingió ser su aliado.

Al entrar al inmueble Zapata, junto con su guardia personal fue recibido a balazos provenientes del segundo piso de la hacienda. Guajardo fue fusilado en 1920 por rebelarse al gobierno de Adolfo de la Huerta. Pablo González Garza, el autor intelectual del asesinato de Zapata, permaneció en el exilio de 1920 a 1937. Murió en 1950 en Monterrey.

Venustiano Carranza luchó hasta el final por imponer sucesor en la Presidencia de la República. Su gobierno terminaba en diciembre de 1920 y no dejaba de impulsar al oriundo de Magdalena, Sonora, Ignacio Bonillas a la sazón embajador de su gobierno en Washington.

Carranza aseguraba que México debería ponerle un freno al militarismo y no dudó en enfrentar a Obregón y Calles promoviendo a Bonillas. Carranza fue presionado para salir de la Ciudad de México rumbo a Veracruz, donde gobernaba su aliado Adalberto Tejeda. No alcanzó a llegar y fue asesinado en la comunidad rural de Tlaxcalantongo, en la sierra de Puebla, un 20 de mayo de 1920. La muerte de Carranza dio lugar al ascenso del grupo Sonora que impulsó a Adolfo de la Huerta como sucesor por seis meses y posteriormente las presidencias de Obregón y Calles de 1920 a 1928. Rodolfo Herrero, el responsable de la muerte de Carranza fue expulsado del ejército por Lázaro Cárdenas y murió en Monterrey en enero de 1964.
Francisco Villa no imaginó que el día que acudió a Parral a un bautismo le tuvieran preparada una escalada que acabó con su vida.

Era el 20 de julio de 1923 y Villa recientemente había hecho declaraciones a un medio de circulación nacional donde decía que, a su juicio, el próximo presidente debería ser el secretario de Hacienda Adolfo de la Huerta y no Plutarco Elías Calles de Gobernación. Sus asesinos encabezados por Jesús Salas Barraza y Melitón Lozoya nunca negaron la cercanía con los jefes del ejército en el gobierno de Álvaro Obregón.

Francisco Serrano aspiró a la Presidencia de la República en 1927 y no dudó en comunicárselo a Obregón y Calles con todo lujo de detalles. Buscó incluso a Obregón en su hacienda del Náinari para avisarle y al mismo tiempo, preguntarle si Obregón tendría interés en buscar la reelección. Obviamente Obregón negó esa posibilidad y Serrano se animó a lanzar su candidatura. Fue convocado a viajar de Cuernavaca a la Ciudad de México en octubre de 1927, junto con trece de sus simpatizantes. Al llegar al poblado de Huitzilac, Morelos, el nuevo jefe de la operación Claudio Fox les ordenó descender de sus vehículos y ahí mismo fueron pasados por las armas. ¿Quién ordenó el asesinato de Serrano y compañía? Los personajes de la época lo estuvieron discutiendo por un buen tiempo, pasando la responsabilidad a Calles y Obregón incluso negando y afirmando en una decisión que involucró a personal del ejército de entonces, que no pudo estar exento de órdenes superiores de quienes entonces mandaban en México.

Serrano y Arnulfo R. Gómez enarbolaron la bandera de la no reelección contra el plan de Álvaro Obregón de reelegirse, para un segundo período presidencial. Gómez fue acusado de conspiración y perseguido hasta Veracruz, donde fue aprehendido en octubre de 1927. Fue sometido a juicio en la misma terminal de ferrocarril y buscó comunicación con el presidente Elías Calles, que se le negó. Fue fusilado en el panteón municipal de Coatepec el 5 de noviembre de 1927.
Con la complacencia del gobierno de Plutarco Elías Calles, el Congreso de la Unión reformó el artículo 83 constitucional en 1927, para permitirle a Álvaro Obregón un nuevo período presidencial. La reelección estaba prohibida, “para el período inmediato” y ese fue el vacío legal que aprovecharon los promotores de la reforma. Fue electo presidente el primer día de julio de 1928 con 1.6 millones de votos, estando en Sonora. Viajaría posteriormente a la Ciudad de México para reunirse con sus partidarios y organizar la agenda de su gobierno, donde incluía prioritariamente la solución del conflicto con la iglesia católica que ya iba para 4 años. Obregón fue asesinado el 17 de julio de ese año por el fanático católico José de León Toral.

La explicación del asesino solitario nunca satisfizo a la opinión pública y las sospechas se desataron dadas las diferencias públicas de Obregón con algunos factores de poder de la época. A saber con Luis N. Morones el poderoso líder de la CROM, una parte del sector militar y diferencias notables con el presidente por problemas políticos diversos.

Hasta hoy, y en torno a este asesinato, siguen las dudas sobre si hubo conspiración o solo fue un impulso de Toral.

Dice Pedro Castro: “En su fuero interno, Calles se oponía a la reelección, pero al menos veía como benéfica para sus propios intereses la ampliación del período presidencial de cuatro a seis años”.

66 años después del crimen de Obregón, ahora en 1994, fue Luis Donaldo Colosio —otro sonorense— quien cayó víctima de las balas disparadas por un presunto asesino solitario: Mario Aburto.
Al igual que en los tiempos de Obregón, el crimen de Colosio estuvo precedido de rumores, ataques, confusión y un ambiente tenso en torno a los principales actores de la trama.

Lo que en 1928 fue el conflicto entre la iglesia católica y el Estado, 66 años después fue la rebelión indígena de Chiapas. Lo que en tiempos de Obregón era la actitud hostil de Luis N. Morones, secretario de Estado contra Obregón, en 1994 era la resistencia de Manuel Camacho a reconocer a Colosio como candidato. Lo que en 1928 era José de León Toral, un personaje misterioso y fanático, en 1994 Mario Aburto, un personaje misterioso con ciertas similitudes a Toral.

En septiembre de 1994 fue asesinado el coordinador de los Diputados del PRI a la LVII Legislatura y secretario general del CEN del PRI José Francisco Ruiz Massieu. El autor material Daniel Aguilar Treviño fue aprehendido el mismo día. El crimen fue aclarado y quienes lo planearon se encargaron de hacer desaparecer al diputado Manuel Muñoz Rocha, el personaje central vinculado a Raúl Salinas.

De los 10 crímenes señalados en 81 años entre 1913 y 1994, ocho fueron aclarados. En la historia, dos permanecen todavía en el misterio.

De Madero, Pino Suárez, Zapata y Carranza se supo de inmediato. Del crimen de Villa se tardaron un poco más y se terminó de aclarar en la biografía que escribiera Friedrich Katz. De Serrano y Gómez, los actores de la época fueron aportando versiones en entrevistas con abundante información y al paso de los años sobre decisiones, órdenes, diálogos y comisiones que fueron clarificando los crímenes.

Los ocho casos aclarados fueron asesinatos fraguados desde el poder. Para eso ha habido —en la historia—, quienes se han decidido a hablar de cada caso en particular. Por eso y con el tiempo, se han ido aclarando y poniendo las cosas en su lugar. La historia también.

Del crimen de Obregón, Calles culpó al clero católico. Los Obregonistas culparon a Calles y a Morones. De Colosio se ha hablado por una parte de un “crimen de Estado” y por otra de un “asesino solitario”. Tanto en el caso de Obregón como de Colosio las dudas siguen. Son los únicos casos de los diez narrados, donde todavía permanecen las dudas y sobre todo…el misterioso que da lugar a una pregunta obligada: Si los ocho asesinatos aclarados fueron fraguados desde el poder…¿Porque los casos de Obregón y Colosio debieran ser la excepción?
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Editorial

EL MELINDROSO

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• El Fondo Minero
• Solo se ha ganado una batalla
• “A mano alzada” debe reconocer que se equivocó con los temas FM y Guarderías

Álamos, Son (15/7/2019 EM).- Estimados lectores de esta intermitente columna, muy al sordón hice una promesa de no aparecer hasta que Tláloc se manifestará en nuestro pueblo y para envidia de la mayoría de los municipios, nos ha estado respondiendo con la “bendita lluvia”.

En los últimos días el tema del Fondo Minero que litigan algunos municipios en la Suprema Corte ha sido tema en los diferentes medios por lo que representa, sobre todo para el municipio de Álamos que dicho sea de paso fue el único “valiente” de nuestro estado de “alzar la mano”.

Presentar una controversia vs el Presidente de la Republica no es cualquier cosa, por algo ni uno solo en Sonora lo hizo, sabrá Dios que les pasó por la cabeza al dejar que el termino les corriera.

Les tratare de explicar (a mi corto entender) que es lo que se busca; El fondo minero fue creado (y así está en la ley) para con un porcentaje de la producción de las minas se aplique a INFRAESTRUCTURA mediante unos lineamientos de operación muy claros en la ley.

Que existe la corrupción en la aplicación, no lo dudamos, la seguimos viendo en todos lados por algo renuncian tantos Secretarios de Estado que creyeron en la “honestidad” y se “les cansó el Ganso”, pero en Álamos el alcalde lo dijo “los reto a que verifiquen su aplicación” y se lo dijo a Gricelda Soto que tuvo la ocurrencia de decir en los medios “que en Álamos existía corrupción en su aplicación que a ella le constaba”, que porque es de acá, y que por eso se había amparado para seguir robando, usó el término Amparado que aunque no es del todo incorrecto, si una legisladora debe tener el conocimiento de precisar que se trata de una controversia constitucional, distinto del recurso de Amparo que es más personal.

Que es lo que busca nuestro “cabecita de algodón”; muy sencillo; que dicho recurso que ronda en Sonora en los 400 millones de pesos y en Álamos alrededor de 40 millones no se apliquen en infraestructura; que el con su poder pueda destinar de ese dinero y repartirlo a su discreción, que entregue becas, apoyos financieros a familias en forma directa y le moche una parte para su eterna campaña como ha estado sucediendo con otros recortes que ha hecho.

En Álamos desde la creación del fondo minero se han realizado un sin fin de obras que está a la vista, recordemos que se instauró en el 2014 Con la reforma a la Ley Federal de Derechos en sus Artículos 271 y 275, se constituye el Fondo para el Desarrollo Regional Sustentable, con el 80% de la recaudación del pago de los Derechos, para la realización de obra de infraestructura social.

Desde el 2015 se aplica (lo correspondiente al 2014) por que va un año atrasado, en síntesis; cuando el Presidente López Obrador se enteró que algunos municipios habían interpuesto una controversia constitucional, procedió a interponer un recurso basado en su discrecionalidad para que entre tanto se resuelva pueda el disponer a su antojo de ese recurso.

La Suprema Corte según información que circula le dio el primer “palo” al Presidente y determino infundado su recurso y por vías de mientras el recurso 2019 se tendrá que aplicar con las mismas reglas lo que lleva el beneficio de entrada de obras para Álamos en el 2020, porque recordemos que va un año atrasado y en este 2019 ya se han iniciado obras con aportación de ese fondo correspondiente al 2018.

Solo se ha ganado una batalla no la guerra total, aunque la cosa pinta muy favorable en el litigio tanto para la controversia constitucional del Fondo Minero como con los amparos presentados por las guarderías que al quedar firmes 5 en el mismo sentido, se creará jurisprudencia y el dinero regresara a todas las guarderías de la nación, se hayan o no amparado; seguramente eso pasará.

Solo queda aquel dicho que aún taladra en nuestros oídos “Al diablo con las instituciones”; y que se quiera pasar por el arco del triunfo la resolución de la Suprema Corte y pretenda justificar con una consulta a mano alzada; aunque en este par de temas tan sensibles creo que los que alzaran la mano solo será para mostrarle el dedo de en medio.

En esta batalla todo puede pasar y ya han intentado desconocer documentos, personalidades, y más pero aún y los desplante y sus intenciones México es grande y se hará justica al final del día.

Para concluir; por tratarse de controversia constitucional con un municipio que obtenga sentencia a favor se benefician todos en el país, es más loable lo hecho por Álamos, un municipio con muy poco de recursos que ingresan del Estado y la Federación, que recuda por predial muy poco, al existir un gran rezago en terrenos que no pertenecen al Fundo Legal, donde la iniciativa privada no termina de darse cuenta que lo es, donde generar empleo es doblemente complicado, pero que afortunadamente se han abierto instituciones educativas y han estado creciendo; porque es innegable que los malos hábitos, la corrupción y hasta los malos pensamientos nos llegan por falta de educación.

Nos leemos pronto.

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Editorial

DE RENUNCIAS Y ARGUMENTOS

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Bulmaro Pacheco

En la historia reciente de México, las renuncias de secretarios de Hacienda son recordadas por su estridencia e impactos. Influyen en el manejo de las finanzas públicas y en los principales indicadores de la economía mexicana, también en la política, y ahora en la economía global, impactan en los mercados de capitales y de inversión tanto nacionales como internacionales.

Recordada aquella renuncia de Adolfo De la Huerta Marcor como secretario de Hacienda, en el gabinete del presidente Álvaro Obregón. Diferencias de enfoque en el manejo de las finanzas públicas con el presidente, pero más que eso, la decisión de De La Huerta de separarse del cargo para aspirar a la Presidencia de la República para el período 1924-1928, confrontando a Obregón y a su candidato, Plutarco Elías Calles, con el agregado de la rebelión de una parte del ejército y el posterior asesinato de Francisco Villa en julio de 1923.

Otra de las renuncias más recordadas en la administración pública fue aquella del secretario de Hacienda del gobierno de Luis Echeverría, Hugo Borman Margáin Gleason, que renunció en 1973.

Margáin —informaron que accidentalmente se había caído de un caballo— fue sustituido por el director de la CFE José López Portillo, quien sería después candidato y presidente de la República para el período 1976-1982.

M renunció consciente de que “La deuda externa y la deuda interna tienen un límite, y ya hemos llegado al límite”, dijo y esa fue la verdadera razón; mucho gasto, poco ingreso, elemental.

El presidente Echeverría —que en enero próximo cumplirá 98 años—afirmaría después al respecto: “Más allá de cualquier especulación, no se les olvide que las finanzas nacionales se manejan desde Los Pinos”. Cruda realidad.

Margáin había sustituido a Antonio Ortiz Mena, secretario de Hacienda de 1958 hasta 1970. Ortiz Mena después fue nombrado director del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y ocuparía las embajadas en Inglaterra (1973-1976), en los Estados Unidos (1976-1982) posteriormente senador de la República por el Distrito Federal (1982-1988).

Entre 1954 y 1976 el peso mantuvo su paridad de 12.50 respecto al dólar. La primera devaluación en 22 años vendría en agosto de 1976.

Con el presidente José López Portillo, el manejo de la política financiera se dividió en dos: se creó en ese sexenio la Secretaría de Programación y Presupuesto, que manejaría los egresos; quedando los ingresos y la política económica internacional en Hacienda. La primera la ocupó Carlos Tello Macías, ex subsecretario de Hacienda con el presidente Echeverría, y en Hacienda quedó Julio Rodolfo Moctezuma Cid.

No completaron el primer año en sus cargos. Renunciaron en noviembre de 1977 por graves diferencias de opinión y enfoque, entre otros, en la elaboración del presupuesto de egresos de 1978.
El presidente López Portillo dijo de la renuncia de ambos: “Ayer acepté la renuncia de Carlos Tello y provoqué la de Julio Rodolfo Moctezuma: los substituyen, respectivamente Ricardo García Sáinz y David Ibarra, en la SPP y en la SHCP. Es la decisión más amarga y dolorosa que he tomado en el régimen. Se trata de dos de mis mejores amigos; de viejos colaboradores que tenían toda mi confianza y a los que entregué las dos puntas del eje de la reforma administrativa que ahora está en un tremendo entredicho”. Y continúa: “No hay más camino, en estos momentos que permanecer dentro del sistema financiero y desde adentro seguir pugnando por el nuevo orden económico […] Se pertenece o se deja de pertenecer ahora al sistema financiero y monetario en el que estamos insertos, que es el que nos permite la normalidad injusta (bien es cierto y por ello luchamos) del comercio y el financiamiento y por ende, la posición monetaria” […] La posición de Carlos, como la de Moctezuma, eran sinceras, ambos patriotas, se acusaban de no serlo”.

El sexenio Lopezportillista concluyó en una de las peores crisis económicas que se recuerden y con un grave enfrentamiento con el sector privado, por la política de expropiación de los bancos.

Vendría después la renuncia de Jesús Silva Herzog, secretario de Hacienda en el gobierno de Miguel de La Madrid en junio de 1986.

Miguel de La Madrid dice en sus memorias: “Uno de los errores de Silva Herzog era que en las reuniones de gabinete económico se quedaba callado. Prácticamente no participaba, haciendo sentir su malestar por tener que asistir y su desdén por personas a quienes él consideraba sus inferiores y ante quienes no tenía por qué informar sobre el proceso de renegociación de la deuda externa […] La verdad es que a mí tampoco me tenía bien informado […] El episodio me resultó doloroso, porque Silva Herzog fue mi amigo por muchos años; hicimos una vida juntos como funcionarios públicos. Pero en estos momentos yo no puedo tener consideraciones de naturaleza personal, porque creo que él no las tuvo cuando actuó; porque no estamos hablando de dos amigos, sino del presidente de la República y el secretario de Hacienda […] Mi obligación es actuar como jefe de Estado, independientemente de mis sentimientos personales. Además, la actitud de Silva Herzog logró irritarme profundamente […] Cuando reflexiono sobre este asunto, pienso que perdí un tiempo del que no disponíamos, al aguantar durante varios meses el malestar de ser informado de manera demasiado parca de lo que estaba ocurriendo en las negociaciones externas, y al tardarme tanto en darme cuenta de que Silva Herzog no lograba hacer ver a nuestros acreedores los enormes esfuerzos realizados por el gobierno y el pueblo de México por ajustar su economía”.

La siguiente renuncia de trascendencia fue 8 años después, la de Jaime Serra Puche, secretario de Hacienda en el gabinete del presidente Ernesto Zedillo. Fue un 29 de diciembre, después de aquella decisión de devaluar el día 19 en aquel “error de diciembre”, que tanta inestabilidad económica y social provocara en México y que junto con los problemas políticos de la época influyeran para que la economía mexicana cayera en un 7 % del PIB durante 1995.

¿Por qué no se devaluó antes de finalizar el sexenio del presidente Salinas, que era lo que recomendaban los principales analistas? ¿Por qué se le dejaron los costos políticos a la administración federal que iniciaba el 1 de diciembre de 1994? ¿Quién pagó finalmente los costos políticos, económicos y sociales de una decisión tardía?
A Serra Puche —irónicamente el principal negociador del TLCAN en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari— lo sustituyó Guillermo Ortiz Martínez, quien terminó el sexenio.

Recientemente ha renunciado el secretario de Hacienda del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, Carlos Urzúa. En mayo había renunciado también el director del IMSS Germán Martínez Cázares.

A diferencia de otros tiempos, Urzúa y Martínez distribuyeron en redes sociales, en sendas cartas, los motivos que los llevaron a tomar la decisión de renunciar a sus cargos. Ahí señalan diferencias, deficiencias, problemas internos y limitaciones de aterrizaje administrativo que no les permitió desarrollar sus actividades a plenitud ni en el sentido correcto.

Martínez se quejó de la intromisión de Hacienda en el manejo del IMSS, tanto en los aspectos presupuestales como en la designación de funcionarios, atribución que le correspondía al órgano técnico del IMSS y no a la dependencia que maneja los dineros de la nación.

Urzúa manifestó que no se podía cumplir con decisiones de políticas públicas sin el debido soporte presupuestal y se quejó de intromisión de miembros del gobierno, para el nombramiento de funcionarios del área hacendaria sin los perfiles necesarios para los cargos.
El jefe de ambos, el presidente de la República, ni siquiera aludió a los motivos —y críticas— que los denunciantes expusieron. A Martínez le deseó suerte en sus responsabilidades como legislador y de Urzúa destacó las diferencias con él y con otros funcionarios, tanto en el manejo de las políticas como en la elaboración del Plan Nacional de Desarrollo, del que dijo “Parecía que lo habían elaborado Agustín Carstens o José Antonio Meade”. Cero autocrítica, cero reconocimiento de los problemas que expusieron, y cero lamentaciones de la salida de colaboradores de los que presuntamente ya conocía en sus capacidades, virtudes y defectos desde antes de nombrarlos.

Nada para presumir y sí para preocuparse, las numerosas renuncias de funcionarios importantes del gobierno a menos de un año en el Poder. Inestabilidad administrativa y falta de rumbo político parece ser la constante de un gobierno que todavía no alcanza a definir con claridad lo que quiere… Y menos parece saber “los cómo” y “con quiénes”, instrumentar sus principales acciones políticas que hasta ahora solo han demostrado prisas e improvisaciones sumamente costosas.
Las numerosas renuncias, la desconfianza de los inversionistas, la fragmentación política, la crisis en la política exterior, la falta de crecimiento de la economía, y la anunciada recesión técnica, poco a poco van demostrando, más allá de los opositores señalados y los críticos a cada rato fustigados por quienes creen que por el hecho de solo haber ganado una elección ya ganaron en la historia.

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Editorial

EL ESTILO PERSONAL DE GOBERNAR

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EL ESTILO PERSONAL DE GOBERNAR
Bulmaro Pacheco

Las tensiones entre un presidente y un expresidente de México no son nuevas en el sistema político mexicano. Hasta ahora, la más famosa de todas fue el enfrentamiento entre Lázaro Cárdenas (1934-1940) y Plutarco Elías Calles (1924-1928). El llamado Maximato, que derivó en la expulsión del país de Calles en abril de 1936 y que le costó largos años de exilio.
Se trató de una relación política personal, no superada ni con la muerte de ambos personajes el mismo día (19 de octubre) pero con una diferencia de 25 años. Y a los que por cierto —por esas diferencias— se les tiene que homenajear donde reposan sus restos, en el monumento a la Revolución, el mismo día… pero a diferente hora.
¿Qué quedó de esa tensión? El fortalecimiento del presidencialismo ejercido por Cárdenas, y continuado por sus sucesores.
Manuel Ávila Camacho fue sumamente respetuoso con su antecesor Cárdenas, pero eso no evitó que se echara abajo la reforma del artículo 3º constitucional que establecía “la educación socialista”, implantada en la Constitución en el sexenio del michoacano por influencias, entre otros, de Narciso Bassols.
Miguel Alemán sorteó con habilidad la animadversión que Maximino Ávila Camacho (gobernador de Puebla y secretario de Comunicaciones en el gabinete de su hermano) tenía contra él, ya que Maximino se sentía con merecimientos para heredar la Presidencia, y siempre sintió que Alemán, el secretario de Gobernación, le estorbaba. Maximino murió en condiciones misteriosas en febrero de 1945; se dice que fue envenenado.
Ya sin las presiones y los ataques de Maximino, la relación entre Alemán y Ávila Camacho fue estable y sin mayores incidentes.
Adolfo Ruiz Cortines realizó severas críticas a la corrupción del sexenio alemanista desde el discurso inaugural de su presidencia. Las cosas no pasaron a mayores, en un sexenio caracterizado por la austeridad y el buen estilo de gobierno de uno de los presidentes de México mejor recordados por su sencillez y honradez personal.
Adolfo López Mateos fue discreto en su trato con su antecesor. Por la revolución cubana y la organización de las izquierdas, siempre le preocupó más el ex presidente Cárdenas.
Gustavo Díaz Ordaz tuvo siempre consideraciones para “su mejor amigo” López Mateos, que enfermó de gravedad a la mitad de su sexenio y murió en septiembre de 1969.
Hubo un tiempo en que los ex presidentes de México tenían cargos públicos y los desempeñaban: Alemán en el Consejo Nacional de Turismo; Cárdenas en la Comisión del Tepalcatepec; López Mateos en el Comité Olímpico Mexicano; el mismo Díaz Ordaz (en el sexenio de José López Portillo) por muy poco tiempo como embajador en España; y Luis Echeverría en la UNESCO y las islas Fidji; Miguel de la Madrid, en el sexenio de Ernesto Zedillo, ocuparía la dirección del Fondo de Cultura Económica.
No hubo una buena relación entre Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría. El poblano no fue bien tratado como expresidente y permaneció discretamente retirado de la política en Ajijic, Jalisco.
Entre Luis Echeverría y José López Portillo tampoco hubo una buena relación. Fueron encarcelados varios ex secretarios de Estado (Comunicaciones y Reforma Agraria), y hechos a un lado personajes del primer círculo del ex presidente (Muñoz Ledo, Gómez Villanueva, Cervantes de Río, etcétera).
Tampoco entre Miguel de la Madrid y José López Portillo se dio una relación cordial. Los integrantes del gabinete del primero provenían principalmente de las áreas financieras del gobierno. Fueron encarcelados varios ex funcionarios del gabinete lopezportillista, entre los que destacaron el ex director de Pemex, Jorge Díaz Serrano, y el de Banrural, Everardo Espino.
Muchos de los personajes que acompañaron al presidente Carlos Salinas de Gortari venían del equipo de de la Madrid. La relación entre ambos fue siempre estable y de respeto. La crisis vino después.
Los conflictos políticos y económicos de 1994 replantearon todos los esquemas de gobierno e introdujeron ingredientes de una crisis de amplio alcance en el gobierno del PRI, que perdió el poder en el 2000.
“Heredamos problemas, no una crisis” decía el ex presidente Salinas en relación a su responsabilidad en la crisis económica del llamado “error de diciembre” de 1994, que provocó en la economía y la política mexicana la más grave crisis de la que se tenga memoria en los últimos años.
¿Por qué no se devaluó antes de diciembre si ya había condiciones? ¿Quiénes se opusieron? ¿Por qué se prefirió devaluar el peso en los primeros días de un nuevo sexenio, marcándolo para el resto del período con graves consecuencias? Preguntas sin respuesta hasta ahora que solo pudieran responder Salinas y Zedillo… ¿o Pedro Aspe?
Como consecuencia de la gravedad de la crisis política y económica, las relaciones entre Carlos Salinas y Ernesto Zedillo se enrarecieron. El encarcelamiento de Raúl Salinas y la huelga de hambre del expresidente marcaron de origen una mala relación
Entre Vicente Fox y Ernesto Zedillo no hubo tensiones. El expresidente Zedillo no permaneció en México después de su gobierno y se ha desempeñado en diversos trabajos en el extranjero. Hasta hoy, no se le conoce publicación personal o declaración alguna sobre su sexenio.
Fox, como el primer presidente de la alternancia, cuando mucho y más como un enfoque político, se dedicó a descalificar los años de gobierno del PRI, hablando de los “70 años perdidos”. No tardaría en enfrentar sus propias crisis, aun cuando a cada rato presumía de que él no iba a tener crisis de finales de sexenio. Quiso imponer sucesor (o sucesora) y le estalló la crisis en su propio partido y con los propios militantes de Acción Nacional.
Por lo cerrado de los resultados electorales para presidente en 2006, Fox heredó un conflicto post electoral de grandes dimensiones y su sucesor Felipe Calderón no tardó en deslindarse.
Calderón también buscó imponer a su propio sucesor y falló. Le ganaron los militantes del PAN que empujaron por el lado de Josefina Vásquez Mota, y el PAN duró apenas dos sexenios en el gobierno. Le entregó el Poder de nuevo al PRI, y la relación entre Enrique Peña Nieto y Calderón fue normal y no presentó mayores alteraciones.
Las relaciones entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador seguramente habrán de tensarse por las investigaciones sobre casos de corrupción documentada del anterior sexenio, como las relacionadas con el ex director de Pemex Emilio Lozoya, muy cercano al expresidente. Las cosas no pararán ahí.
El gobierno de López Obrador publicitó en exceso el retiro de las pensiones a los ex presidentes. El único que protestó fue Vicente Fox. Los demás lo ignoraron. Además, no todos los ex presidentes tenían pensión
Irónicamente, López Obrador hasta ahora ha tenido que enfrentar las mayores críticas de sus antecesores panistas Vicente Fox y Felipe Calderón. Con el primero existe el antecedente del proyecto de desafuero en 2005, que buscó sacarlo de la jugada en la sucesión presidencial.
Con Calderón, el antecedente del conflicto postelectoral del 2006, por lo cerrado de la votación. Esas actitudes van para largo y no se ve que pudieran atenuarse: En ninguna de las partes parece advertirse disposición al diálogo. Al contrario, cada vez son más radicales las posturas de ambas partes.
Esos han sido los estilos de gobierno de los últimos presidentes de México. Su tiempo, sus problemas, sus crisis, sus errores, aciertos y circunstancias. Todos sin excepción enfrentaron al llamado “México bronco” y las resistencias, ataques y embate de las fuerzas opuestas al orden y a las reformas. Unos más, unos menos, cada uno de ellos supo manejarse ante los desafíos y enfrentar las resistencias y solo a Fox y López Obrador se les ocurrió culpar al pasado.
¿Podríamos entenderlo de otra manera tomando en consideración la edad en la que terminaron sus períodos de gobierno? Quizá sí.
Cárdenas salió de la Presidencia a los 45 años y siguió activo; Ávila Camacho a los 49 y celebró el último acto de unidad entre expresidentes; Miguel Alemán a los 52 y siguió activo; Adolfo Ruiz Cortines a los 68 y se retiró a la vida privada; López Mateos a los 55 y siguió activo; Díaz Ordaz a los 59; Echeverría a los 54; José López Portillo a los 62; Miguel de la Madrid a los 53; Carlos Salinas a los 46; Ernesto Zedillo a los 48; Vicente Fox a los 64; Felipe Calderón a los 50; Enrique Peña Nieto a los 52; y López Obrador tendrá 71 cuando termine en 2024, 3 años más que su antecesor más longevo (Adolfo Ruiz Cortines).
“Estilo personal de gobernar” se llamó el libro de Don Daniel Cosío Villegas en referencia a la forma de gobernar del presidente Luis Echeverría: “Independientemente de todo, una persona llamativa, o sea, que llama la atención de cualquier observador”. Y sintetiza su experiencia, así como su conocimiento y trato a presidentes de México de Porfirio Díaz a Echeverría —unos de lejos, otros más cerca—: “La verdad es que pocas veces he visto un retrato tan elocuente de un gobernante mexicano: basan sus juicios acerca de estos problemas en experiencias personales y abrigan una desconfianza, cuando no un desprecio verdadero, de cuanto significa levantarse por encima de ellas para llegar a una generalización que se basa en los hechos comprobables”. Hay que leerlo.
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